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Proyecto Hail Mary: del libro a la pantalla

Ep. 65Proyecto Hail Mary, del libro a la pantalla · 28 mar 2026

Después de nuestro capítulo sobre Cosmos y Carl Sagan, tocaba cumplir una promesa antigua.

Ya lo prometimos en el episodio sobre la ciencia ficción de 2026: en cuanto se estrenara la película, le dedicaríamos un capítulo entero al libro y a su adaptación. Somos cumplidores. Primero, una aclaración: en España la película se tituló mal —"Proyecto Salvación"— y además mucha gente cree que la nave se llama "Proyecto Hail Mary". No: la nave se llama Hail Mary, a secas. El título original del libro y de la película es "Project Hail Mary", y esa mala traducción se lleva por delante parte de la esencia: es un último intento, un "ave María" desesperado, para salvar la Tierra cuando el Sol empieza a perder fuerza y nadie sabe muy bien por qué.

"Proyecto Hail Mary" es lo que se conoce como ciencia ficción de competencia ("competence porn" en inglés): ese tipo de historia en la que el placer viene de ver a alguien muy capaz hacer su trabajo extremadamente bien —diagnosticar, calcular, reparar— explicándote el proceso, no solo el resultado. Y a diferencia de los tres grandes clásicos, de los que ya os hemos hablado y que no se caracterizan precisamente por el humor, Andy Weir tiene un humor muy suyo: geek, tecnólogo, un poco bandarra, siempre a costa de sí mismo. Weir (Sacramento, 1972) programaba en un Commodore 64 a los ocho años, trabajó como ingeniero de software durante dos décadas —le despidieron de Blizzard mientras trabajaba en Warcraft II— y publicó "El marciano" gratis, por capítulos, en su propio blog, antes de que los lectores le pidieran subirlo a Kindle por 0,99 dólares y llegara al número uno. "Proyecto Hail Mary" es, para nosotros, todavía mejor que "El marciano" — y eso que "El marciano" ya era muy bueno.

El protagonista, Ryland Grace, despierta solo en una nave sin recordar ni su propio nombre, a años luz de casa. En el libro esa amnesia se cuenta en primera persona, como un diario hablado consigo mismo —"no puedo abrir los ojos, no puedo mover las manos, intento hablar y no puedo"—, algo que la película no puede replicar y que resuelve de otra manera: con imagen y con el diálogo que Grace desarrolla más adelante con Rocky. No es un héroe al uso: no es Neil Armstrong, ni siquiera es el astronauta entrenado de "El marciano". Es un profesor de instituto con un doctorado que sostenía —de forma herética para la academia— que la vida no necesita agua; esa misma herejía es lo que le convierte en la persona más cualificada del planeta para estudiar la amenaza que se están comiendo el Sol. Es, como decimos nosotros, un cobarde involuntario: no quería ir, le obligaron, y aun así se queda.

Detrás de Grace está Eva Stratt, la funcionaria internacional que dirige el proyecto desde la Tierra. No es científica ni militar: es una burócrata con poder absoluto, capaz de tomar decisiones imposibles en muy poco tiempo y acertar. En el libro es protagonista de facto de toda la línea temporal terrestre; en la película, Sandra Hüller —su primera gran producción de Hollywood tras "Anatomía de una caída"— condensa ese peso en menos escenas pero con muchísimo impacto. Hay una escena de karaoke que no estaba en el guion: Gosling la escuchó cantar entre tomas y exigió que lo hiciera también en la película. Hüller eligió "Sign of the Times" de Harry Styles consultándolo con su hija adolescente, y la rodaron al día siguiente.

Y luego está Rocky, que se merece un capítulo aparte. En el libro es un eridiano —viene de 40 Eridani, una estrella real a 16,3 años luz— del tamaño de un perro grande, con cinco patas, ciego, que "ve" por ecolocalización y se comunica con notas musicales. Vive en una atmósfera de amoníaco a 29 atmósferas de presión: el oxígeno es tóxico para él igual que el amoníaco lo es para nosotros. En la película es un títere práctico diseñado por Neal Scanlan —el mismo que creó a BB-8 y a los Porgs— con más de 300 diseños antes del definitivo, operado por un equipo de cinco titiriteros que se hacen llamar "los Rockyteers". James Ortiz, titiritero de Broadway sin experiencia previa en cine, acabó poniéndole la voz definitiva: nadie la mejoró en las proyecciones de prueba. Un detalle que nos encanta: durante el rodaje, las hijas de Ryan Gosling, Esmeralda y Amada, le hablaban por el auricular haciéndose pasar por Rocky. "Hay momentos en la película en los que me río o estoy completamente encantado con él", dijo Gosling, "y en realidad son mis hijas hablándome y ayudándome".

El astrófago, el microorganismo que amenaza con apagar el Sol, es el mejor ejemplo de lo que hace bien esta ciencia ficción dura: apoyarse en biología real hasta el límite justo antes de romperla. Existen de verdad hongos que crecen en el reactor de Chernóbil y convierten radiación en energía mediante melanina; existe una bacteria, apodada "Conan", capaz de sobrevivir a 5.000 grays de radiación ionizante; existen arqueas que viven a más de 120 grados en chimeneas hidrotermales. El propio Weir admite que el único punto donde rompe deliberadamente las leyes de la física es el mecanismo de neutrinos con el que el astrófago almacena energía: "quiero encontrar el mínimo absoluto de reglas que puedo romper, y romper solo esas".

La nave Hail Mary tiene también su ciencia real detrás: genera gravedad separando el módulo de tripulación en órbita y haciéndolo girar como una centrifugadora — con la fórmula real de aceleración centrípeta detrás (para 1g a 4 revoluciones por minuto hace falta un radio de unos 56 metros). Phil Lord resumió la filosofía de diseño en una frase que nos parece perfecta: "esta película no es una Mac, es una PC. Puede ser bonita, pero no puede ser elegante". Nada de pantallas verdes: rodaron contra fondos reales, con un decorado construido a un metro y medio del suelo del estudio para que los titiriteros pudieran esconderse debajo cuando hacía falta.

¿Cómo le ha ido a todo esto? Muy bien. El libro debutó en el número 3 de ficción combinada del New York Times y lleva 40 semanas seguidas en esa lista gracias al impulso de la película; Bill Gates lo empezó un sábado y lo terminó el domingo, Barack Obama lo metió en su lista de lecturas de verano, y Brandon Sanderson lo llama la mejor obra de Weir hasta la fecha. Fue finalista del Hugo en 2022 (lo ganó "Una desolación llamada paz", de Arkady Martine — apuntada queda para un futuro capítulo). La película, con un presupuesto neto de unos 200 millones de dólares, abrió con 140,9 millones en todo el mundo: la mayor apertura de la historia de Amazon MGM Studios, un 95% en Rotten Tomatoes y CinemaScore A. Para una película original de ciencia ficción dura, sin superhéroes ni precuela de nada, eso es un logro enorme.

Un último dato con el que cerramos, porque nos encanta: 40 Eridani, la estrella de Rocky, existe de verdad, y es además la ubicación canónica del planeta Vulcano en Star Trek, confirmada por el propio Gene Roddenberry en una carta de 1991. El planeta real que se creyó haber encontrado allí en 2018 resultó ser un falso positivo, descartado en un estudio de 2024 con el titular perfecto: "la muerte de Vulcano". La estrella de Rocky no tiene planeta confirmado. Pero sigue ahí, y sigue siendo perfecta para soñar.

Si tenéis que elegir por dónde entrar: escuchad primero el audiolibro (narrado por Ray Porter, ganador del Audie 2022) o leed la novela, y después id a ver la película, a ser posible en IMAX — la rodaron pensando en esa pantalla, literalmente: "intentamos meterla en una televisión una vez, no cabía", dijo Gosling. Los dos formatos se complementan y ninguno os hará perder el tiempo.

En el próximo capítulo cerramos, por fin, la trilogía de los tres grandes de la ciencia ficción clásica: Robert A. Heinlein.

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