Los tres grandes de la ciencia ficción
Por qué Isaac Asimov, Arthur C. Clarke y Robert A. Heinlein se han quedado con la etiqueta de "los tres grandes" de la ciencia ficción clásica: sus diferencias de estilo, su amistad real, y el momento en que los tres compartieron pantalla comentando el alunizaje del Apollo 11.

Con el episodio de Robert A. Heinlein cerramos un ciclo que empezamos en 2024 con Clarke y seguimos el año pasado con Asimov, así que nos apetece pararnos un momento a mirar el conjunto: ¿por qué estos tres, y no otros, se han quedado con la etiqueta de "los tres grandes" de la ciencia ficción?
Los tres dominaron la Edad de Oro del género, entre los años 40 y 60, y se repartieron sus grandes temas casi sin planearlo. Asimov puso la lógica: robots, imperios galácticos, psicohistoria — ciencia ficción cuadriculada, muy centrada en el diálogo y en el debate de ideas por encima de la acción. Clarke puso la maravilla: el contacto con lo desconocido, el asombro cósmico, esa fe casi religiosa en que la tecnología nos llevaría a algo mejor. Y Heinlein puso al individuo frente al poder: sociedades coherentes con sus propias leyes económicas y políticas, personajes que desconfían de la autoridad y que se abren camino a base de competencia personal.
Los tres se conocían, publicaban en la misma revista —Astounding Science Fiction, bajo el mismo editor, John W. Campbell— y mantuvieron una relación de respeto mutuo con más de una discrepancia por el camino. Asimov llegó a describir a Heinlein como "el escritor de ciencia ficción más importante que haya existido", aunque no compartiera su política; con Clarke, más contemplativo y ya instalado en Sri Lanka, la relación fue más tranquila y algo más distante geográficamente, pero igual de sincera.
Y hay un momento que resume mejor que ningún otro lo que fueron estos tres para el género: el 20 de julio de 1969, los tres se sentaron juntos en los estudios de la CBS, junto a Walter Cronkite, para comentar en directo el alunizaje del Apollo 11. Es probablemente la foto más famosa de la ciencia ficción del siglo XX, y probablemente la única vez que los tres compartieron pantalla. Cuentan que Heinlein lloró cuando el módulo lunar tocó la superficie de la Luna.
Si tenéis que elegir por dónde entrar a cada uno: Asimov por la trilogía de Fundación, si os gusta la ciencia ficción de ideas y de diálogo; Clarke por "2001: Una odisea del espacio", si buscáis ese asombro cósmico tan suyo; y Heinlein por "La luna es una cruel amante", si preferís la acción y el individualismo por delante de la filosofía. Los tres envejecen de forma distinta —Clarke conserva mejor su magia visionaria, Heinlein es el que más se nota que es de otra época—, pero los tres siguen siendo, para nosotros, el punto de partida obligado de la ciencia ficción clásica.
Y ya que hablamos de listas: en el propio episodio de Asimov dejamos caer que en algún momento habrá que hacer una revisión y pensar en "los tres grandes" de otra generación — nombres como Ursula K. Le Guin, Philip K. Dick, William Gibson u Orson Scott Card suenan con fuerza. Pero esa es otra lista, para otro día.