El problema de los tres cuerpos: la trilogía dura de Liu Cixin y su adaptación en Netflix
Repasamos el primer libro de la trilogía de Liu Cixin y la primera temporada de su adaptación en Netflix: el trauma de Ye Wenjie durante la Revolución Cultural china, el contacto con Trisolaris, los sofones y el falso amigo cósmico que resulta ser una amenaza existencial — y la ciencia real (y la que no lo es tanto) que hay detrás.

Después de cerrar nuestro especial sobre la saga Alien, cambiamos de registro por completo.
En estos dos episodios nos metemos con la ciencia ficción dura por excelencia: la trilogía de Liu Cixin conocida como Recuerdos del pasado de la Tierra, cuyo primer libro da nombre a toda la saga, El problema de los tres cuerpos. La adaptación de Netflix estrenada en 2024 tiene, de momento, una única temporada, así que el primer episodio compara el libro con la serie y el segundo se dedica a la ciencia —real y no tan real— que hay detrás de sus ideas más llamativas.
El título viene de un problema real de mecánica celeste: el movimiento de dos cuerpos bajo su gravedad mutua tiene una solución matemática exacta y estable, pero añadir un tercer cuerpo masivo lo convierte en un sistema caótico, sin solución general. En 1912 el matemático finlandés Karl Sundman encontró una solución formal, pero necesita series con tantos términos que resulta inservible en la práctica; puede que haga falta computación cuántica para resolverlo de forma útil. En la novela, ese caos real se traslada al sistema estelar de Trisolaris, con tres soles cuyo comportamiento errático hace que la civilización trisolariana alterne eras estables, en las que puede desarrollarse, con eras caóticas impredecibles, capaces de derretir rocas o congelar el planeta, que sobreviven deshidratándose y entrando en animación suspendida.
La novela arranca durante la Revolución Cultural china, con una de las escenas más comentadas de todo el libro: Ye Zhetai, un astrofísico de la Universidad de Tsinghua, es sometido a un juicio popular por sus propios alumnos, acusado de enseñar la teoría de la relatividad —«una cuestión del mundo capitalista»— y obligado a llevar un pesado sombrero de hierro como símbolo de su deshumanización. Lo matan a golpes en público. Su hija Ye Wenjie lo presencia impotente, y esa imagen la marcará para el resto de su vida.
Por sus antecedentes familiares, Ye Wenjie es enviada después a un campo de trabajos forzados en las montañas del Gran Khingan, en Mongolia Interior, donde tala árboles de forma indiscriminada y es testigo de la devastación medioambiental de la zona. Allí un periodista le presta Primavera silenciosa, de Rachel Carson, sobre los efectos devastadores de los pesticidas —un libro prohibido en la época—; su lectura termina de convencer a Ye Wenjie de que la humanidad es, por naturaleza, una especie destructiva incapaz de regirse por sí misma.
Por su formación científica, Ye Wenjie es trasladada a Costa Roja, una base militar secreta donde descubre que el verdadero proyecto es la búsqueda de inteligencia extraterrestre mediante el envío de señales al espacio. Cuando finalmente intercepta un mensaje —de un pacifista trisolariano que le suplica que no responda, porque revelaría la posición de la Tierra a una civilización que necesita desesperadamente un nuevo hogar—, Ye Wenjie contesta de todos modos: invita a Trisolaris a venir y «poner orden» en un planeta que, para ella, ya no merece salvarse a sí mismo. Esa decisión, tomada en soledad y jamás lamentada, es el origen de toda la crisis que enfrenta la humanidad en el resto de la saga.
En el presente, el nanotecnólogo Wang Miao (Auggie Salazar en la serie, interpretada por Eiza González) empieza a ver una cuenta atrás fantasma que aparece primero en sus fotografías analógicas y termina flotando ante sus propios ojos. El fenómeno solo cesa cuando accede a colaborar con el comisario de policía Shi Qiang, «Da Shi» (Benedict Wong en la serie), que investiga una oleada de suicidios entre científicos de primer nivel —entre ellos Yang Dong, física de partículas e hija de la propia Ye Wenjie, cuya muerte por desesperación ante unos resultados experimentales que ya no tienen sentido es uno de los detonantes de toda la trama.
La investigación lleva a Wang Miao a un videojuego de realidad virtual llamado Tres Cuerpos, que reconstruye, sesión a sesión y a través de distintas figuras históricas —Newton y Von Neumann proponiendo una computadora humana gigante formada por millones de soldados durante la dinastía Qin, el filósofo Mozi, Einstein tratando de resolver el problema con un péndulo colosal—, la historia entera de la civilización trisolariana: sus incontables reinicios, sus eras caóticas y estables, y su búsqueda desesperada de una forma de predecir el comportamiento de sus tres soles.
El rastro conduce a Fronteras de la Ciencia, una organización que resulta tener vínculos directos con Trisolaris, y a la Organización Terrícola-Trisolariana, un movimiento de humanos desencantados con su propia especie que apoya activamente la llegada —o la invasión, según el punto de vista— de los trisolarianos. Es entonces cuando se revela la pieza tecnológica central de la historia: los sofones, ya en camino hacia la Tierra.
Un sofón es, en la ficción, un protón desplegado en dimensiones superiores —el espacio tiene, según la novela, once dimensiones, de las que los humanos solo percibimos cuatro— hasta obtener una superficie inmensa sobre la que los trisolarianos imprimen, a escala nanotecnológica y tras generaciones de intentos fallidos, la circuitería de un superordenador. Fabrican después un segundo sofón entrelazado cuánticamente con el primero, de modo que cualquier alteración en uno se refleja al instante en el otro sin importar la distancia; eso les permite enviar uno a la Tierra a una velocidad cercana a la de la luz mientras mantienen con él control y comunicación en tiempo real, pese a que su flota tardará 400 años en llegar. Con los sofones ya aquí, Trisolaris puede desplazarse a cualquier punto del planeta y alterar los resultados de los experimentos de física de partículas, bloqueando así el avance científico humano antes de que alcance —o supere— su propio nivel tecnológico.
Mike Evans (Jonathan Pryce en la serie), heredero de una fortuna petrolera y ecologista radical tan desilusionado con la humanidad como la propia Ye Wenjie, financia con su petrolero reconvertido Juicio Final una vía de comunicación con Trisolaris independiente de cualquier gobierno. Cuando las agencias de inteligencia internacionales descubren que ese barco puede llevar a bordo dos sofones adicionales, lanzan la Operación Guzheng: tienden a través del canal de Panamá una red de nanofilamentos casi invisibles, capaces de cortar cualquier material, incluido un diamante. El Juicio Final la atraviesa entero, tripulación incluida, en una de las secuencias más brutales tanto del libro como de la serie.
Uno de los giros más comentados de toda la historia es el papel del engaño. Los trisolarianos se comunican transmitiendo directamente sus pensamientos, sin intermediarios, así que no tienen manera de ocultar sus intenciones entre ellos y, al principio, tampoco conciben que los humanos sí puedan hacerlo. Cuando Mike Evans les cuenta el cuento de Caperucita Roja y explica que el lobo la engañó haciéndose pasar por su abuela, Trisolaris no entiende el concepto: para ellos, hablar ya revela por definición la intención de quien habla. La revelación de que los humanos sí saben mentir —incluso a sí mismos— hace que Trisolaris corte la comunicación directa con sus aliados terrícolas, conscientes de que ya no pueden fiarse de ellos; y convierte esa misma asimetría en la única baza estratégica real de la humanidad frente a una civilización muy superior tecnológicamente.
La primera temporada de la serie no se limita al primer libro: adelanta también tramas de las dos secuelas, El bosque oscuro y El fin de la muerte, condensando en ocho episodios un arco que en la trilogía se extiende durante siglos. Así aparecen ya Luo Ji (Saul Durand, Jovan Adepo), el sociólogo que en los libros siguientes desarrolla la teoría del «Bosque Oscuro»; Zhang Beihai (Raj Varma, Saamer Usmani), el oficial naval clave en la preparación militar de la humanidad; Cheng Xin (Jin Cheng, Jess Hong), la ingeniera aeroespacial protagonista del tercer libro; y Yun Tianming (Will Downing, Alex Sharp), un científico terminal que se niega a firmar un documento de lealtad incondicional a la defensa humana porque, dice, no está seguro de que la humanidad tenga la razón moral en este conflicto —el primer asomo del Proyecto Vallado que ocupará buena parte del segundo libro.
El final de la primera temporada reserva algunos de sus momentos más espectaculares: un mensaje aparece en todas las pantallas del planeta —«sois insectos»— y el cielo entero se llena de ojos observando; después, a medianoche, todas las estrellas del firmamento parpadean simultáneamente para toda la humanidad a la vez, sembrando el pánico, hasta que los científicos comprueban que los telescopios situados fuera de la atmósfera no registraron ningún parpadeo real: es un engaño colectivo, orquestado por los sofones sobre la percepción humana. En el libro, ese mismo mensaje se transmite de forma más sutil, codificado como una cuenta atrás en las variaciones del fondo cósmico de microondas, el eco residual del Big Bang.
Desplegar un protón en dimensiones superiores es, evidentemente, ciencia ficción blanda y del todo irrealizable con la tecnología conocida. Pero el principio en el que se apoya —el entrelazamiento cuántico como forma de transferir el estado de una partícula a otra sin moverla físicamente— es real y se ha demostrado en el laboratorio: en 2015 un equipo consiguió teletransportar cúbits a 96 kilómetros de distancia, en 2021 se repitió a 43 kilómetros con una fidelidad del 90%, y en 2022 un equipo holandés logró intercambiar cúbits entre nodos distantes sin conexión directa entre emisor y receptor. Es, probablemente, cuestión de tiempo que la comunicación cuántica a gran escala deje de ser ciencia ficción.
Cerramos con la pregunta que más nos ha hecho pensar de toda la historia: ¿qué nos define como civilización, y es el contacto con otra inteligencia una oportunidad o una amenaza? El propio libro no da una respuesta cómoda: deja claro que, si los trisolarianos desconfían de la humanidad, tienen motivos —la Operación Guzheng, con familias enteras a bordo del Juicio Final, demuestra que somos perfectamente capaces de justificar cualquier medio con tal de sobrevivir. Aparcamos aquí la saga a la espera de que Netflix confirme una segunda temporada: nosotros, mientras tanto, ya vamos por el tercer libro de la trilogía.
En el próximo capítulo cambiamos de tercio: un duelo de historias increíbles entre Cherp y Josito para desmontar fakes y leyendas urbanas.
Se menciona
- AutorLiu Cixin
- LibroEl problema de los tres cuerpos
- SerieEl problema de los tres cuerpos
- ConceptoEl problema de los tres cuerpos (física)
- ConceptoLos sofones y el entrelazamiento cuántico
- ConceptoEl engaño, el arma que los trisolarianos no entienden
- PersonajeYe Wenjie
- PersonajeWang Miao
- PersonajeShi Qiang (Da Shi)
- PersonajeDing Yi
- PersonajeMike Evans
- PersonajeLuo Ji
- PersonajeZhang Beihai
- PersonajeYun Tianming
- PersonajeCheng Xin
- PersonajeYang Dong
- PersonajePan Han
- PersonajeSophia
- PersonajeElijah Lee
- PersonajeYe Zhetai