Los sofones y el entrelazamiento cuántico
El invento tecnológico central de la saga: un sofón es un protón —una partícula subatómica que, según la novela, tiene once dimensiones aunque los humanos solo percibimos cuatro— que los trisolarianos consiguen «desplegar» en dimensiones superiores hasta obtener una superficie inmensa sobre la que imprimen, a escala nanotecnológica y tras generaciones de intentos fallidos, la circuitería de un superordenador. Fabrican después un segundo sofón entrelazado cuánticamente con el primero, de modo que cualquier cambio en uno se refleja instantáneamente en el otro sin importar la distancia que los separe; eso les permite mandar uno a la Tierra —a una velocidad cercana a la de la luz— y mantener con él comunicación y control en tiempo real, pese a que la flota trisolariana tardará 400 años en llegar. Con los sofones en la Tierra, los trisolarianos pueden moverse a cualquier punto del planeta y alterar los resultados de los experimentos de física de partículas, bloqueando así el avance científico humano antes de que alcance o supere su nivel tecnológico. Desplegar un protón en más dimensiones es ciencia ficción blanda y prácticamente irrealizable, pero el principio del entrelazamiento cuántico como forma de «teletransportar» el estado de una partícula a otra sin moverla físicamente es real y se ha demostrado en experimentos: en 2015 se teletransportaron cúbits a 96 kilómetros de distancia, en 2021 a 43 kilómetros con un 90% de fidelidad, y en 2022 un equipo holandés logró intercambiar cúbits entre nodos distantes sin conexión directa entre emisor y receptor.
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