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Materia oscura (Dark Matter): el laberinto cuántico de Jason Dessen

Ep. 48Materia oscura - Dark matter (La Serie · 16 dic 2024

Después de el duelo de historias increíbles entre Cherp y Josito, tocaba, tal y como prometimos, destriparla entera.

A Cherp se la recomendó Josito sin destriparle nada, y el resultado fue tan bueno que le dedicamos un episodio entero: Materia oscura (Dark Matter en su título original), serie de Apple TV+ estrenada en 2024 con una primera temporada de nueve episodios —un número raro, ni ocho ni diez, como si los guionistas hubieran decidido «hasta aquí llega la historia que tenemos que contar»— y ya renovada para una segunda. Es ciencia ficción dura, pero contada de una forma tan visual que sus conceptos más difíciles de entender resultan accesibles incluso para quien no sea aficionado al género.

Antes de entrar en la trama, un inciso de ciencia real que da nombre a la serie: solo el 15% de la materia del universo es visible —estrellas, planetas, galaxias—; el 85% restante se reparte entre materia oscura y energía oscura, inferidas por su efecto gravitatorio antes que observadas directamente. Pero conviene avisar de entrada: la serie no trata realmente sobre esto. El título es solo la puerta de entrada a la verdadera protagonista de la historia, la teoría del multiverso cuántico.

El primer capítulo, «Secuestro», presenta a Jason Dessen, profesor de física de clase media, en la fiesta donde su antiguo compañero de laboratorio Ryan Holder recibe un prestigioso premio científico. La comparación con la vida de Ryan —el que siguió dedicado por completo a la investigación, frente a Jason, que la dejó para tener familia— siembra la pregunta que vertebra toda la temporada: ¿qué habría pasado si hubiera elegido el otro camino? De vuelta a casa, un hombre enmascarado que le resulta extrañamente familiar lo aborda, lo droga y lo deja inconsciente. Al despertar, Jason está en un laboratorio que no reconoce, rodeado de gente que lo trata como a una eminencia: en esta realidad no tiene ni esposa ni hijo, pero sí ha inventado una tecnología revolucionaria para viajar entre universos paralelos. Jason empieza a comprender que ha sido víctima de un intercambio.

El segundo capítulo, «La Caja», explica el dispositivo que da nombre al episodio: una cámara hermética hecha de un material «adaptable» que bloquea cualquier radiación —ni ondas de radio, ni rayos X, ni sonido pueden atravesarla—, porque cualquier forma de medir su interior impediría el efecto que busca, igual que ocurre con el gato de Schrödinger. Al aislar así a quien entra, esa persona se comporta como una partícula cuántica en superposición. El equipo del instituto trata a Jason como al creador de la Caja —lo es, pero en esta realidad, no en la suya—, y él descubre que hay una versión alternativa de sí mismo que decidió intercambiar su vida con la suya: el que inventó la Caja, insatisfecho con no tener familia, quiso probar la vida que Jason sí tuvo.

En el tercer capítulo, «Perdido», Jason usa la Caja por primera vez —hace falta inyectarse una droga que anula la corteza prefrontal, la parte del cerebro que en la ficción de la serie es responsable de la decoherencia cuántica, para que al cerrar la puerta se abra un «espacio liminal»: un pasillo infinito de puertas hacia universos distintos—. El primer salto lo lleva a una realidad casi idéntica a la suya, donde encuentra a su Daniela convertida en una pintora exitosa que nunca renunció a su carrera. Cuando alguien llama a la puerta esa noche, Jason, todavía desorientado, dispara y mata a la mujer que había venido a buscarlo: el equipo del instituto lo recupera dándose cuenta de que no es el Jason que inventó la Caja, sino el original secuestrado.

Ahí entra en escena Amanda, la psicóloga del instituto encargada de dar soporte a quienes cruzan la Caja —antes de Jason hubo tres sujetos, y él es el único que ha vuelto—. Convencida de que el proyecto está tratando mal a los viajeros, ayuda a Jason a escapar; en la huida atraviesan un Chicago dominado por la inteligencia artificial con una humanidad emocionalmente desconectada, un mundo devastado por la contaminación donde la gente vive con máscaras de gas, y una realidad donde Jason nunca llegó a conocer a Daniela.

Al intentar escapar por la puerta principal del instituto, Jason y Amanda no pueden y su única salida es de nuevo la Caja: cogen unas mochilas —carísimas, por cierto, como comentamos en el podcast— y corren hacia ella; cuando el hombre que mató a la mujer del universo anterior mete la mano para impedir que la puerta se cierre, esta le corta los dedos. Encerrados y sin saber qué hacer, se inyectan la droga y quedan atrapados juntos en el espacio liminal, saltando sin control por una sucesión de universos imposibles: uno cubierto de cenizas tras lo que parece un invierno nuclear, otro bajo un sol convertido en gigante roja a punto de morir, uno golpeado por una ola gigantesca, otro enterrado bajo tierra, otro azotado por una ventisca brutal. En ese periplo se dan cuenta de un detalle clave: la Caja siempre aparece en las mismas coordenadas, materializándose en el momento en que llega quien viaja.

El cuarto capítulo, «Convergencia», introduce el límite práctico de la historia: la droga solo da para cincuenta viajes y los universos posibles son infinitos, así que cada salto sin rumbo los aleja más de encontrar el camino de vuelta. Jason y Amanda —agotados, mojados, hambrientos— comprenden que la inestabilidad de sus saltos no es aleatoria: es su propia mente, sus emociones y sus recuerdos los que determinan a qué universo llegan. Amanda le propone a Jason describir cada detalle de su vida real —anotarlo, releerlo, recordarlo con precisión— antes de cada salto, para enfocar la mente hacia el universo correcto.

En el quinto capítulo, «Fragmentación», descubren otra regla del sistema: solo pueden viajar a universos donde ellos mismos han existido previamente, nunca a uno completamente ajeno a su historia. Uno de esos saltos lleva a Jason a un universo que a primera vista parece perfecto —está casado con Daniela, con una vida feliz, y Charlie está completamente sano—, hasta que empieza a detectar pequeñas incoherencias que delatan que tampoco es el suyo.

Aquí se vuelve tangible el verdadero problema de la temporada: cada puerta que se abre —y cada una que no se abre— genera una bifurcación, un nuevo Jason con sus propios recuerdos hasta ese instante. El resultado son, literalmente, «multi-Jasons»: cientos, quizá miles de versiones divergentes de la misma persona, la mayoría perdidas para siempre en el multiverso, pero muchas otras consiguiendo llegar de vuelta a la tierra de Daniela y Charlie y reclamando su lugar en la familia. Amanda, por su parte, encuentra un universo que le parece un ideal casi utópico de la humanidad —tecnología limpia, sociedad avanzada— y decide quedarse: le explica a Jason que viajar los dos juntos, con sus emociones mezcladas, es precisamente lo que le impide a él llegar a su universo exacto, y lo deja seguir solo.

En el capítulo sexto, «Resonancia», Jason encuentra por fin la clave que le faltaba: no es su trabajo ni ningún otro logro lo que necesita recordar con precisión para volver a casa, sino un recuerdo puro y concreto de Amanda, con todas sus imperfecciones. Ese recuerdo es lo que finalmente le permite acertar el salto y regresar a su universo original.

Mientras tanto, el Jason que lo secuestró —quedándose con su familia— necesitaba dinero: encuentra a un multimillonario en su mundo y le vende cincuenta dosis de la droga a cambio de una fortuna, sabiendo que esa cantidad no le bastará para volver a su origen. Para cubrir el hueco que ha dejado el mecánico de otro universo al que había secuestrado para sustituirse a sí mismo tras abandonar al Jason original, sella la Caja con cemento. Ese es su primer error: en vez de reparar y volver a cerrar bien las paredes, la deja rota, lo que permite que el Jason original consiga colarse de vuelta en su último salto.

El capítulo siete, «Colapso», arranca con Jason confirmando que por fin está en su universo —el camarero de su bar de siempre lo reconoce— y decidido a recuperar su vida: como no puede comprar un arma sin permiso, sale de la armería con un espray de pimienta y una navaja. El problema es que, para entonces, ya han empezado a aparecer más y más versiones de Jason por toda la ciudad. Tras un episodio de comportamiento errático en una cafetería, Jason termina detenido; Daniela paga la fianza sin saber que ese es el Jason real, hasta que verifica por teléfono —con una pregunta sobre un recuerdo compartido, la palabra clave «Júpiter»— que el hombre con el que ha estado conviviendo más de un mes es en realidad un impostor.

El desenlace, entre los capítulos ocho y nueve, reúne a cientos de Jasons —de todas las decisiones posibles que un ser humano puede tomar tras cruzar esa puerta— coordinándose en un chat online para decidir, entre propuestas tan surrealistas como una custodia compartida o un sorteo, qué hacer con la familia que todos creen merecer. La mayoría se pone de acuerdo en ir a por el Jason que empezó todo: el secuestrador original. En la huida final, Daniela y Charlie escapan de varios Jasons falsos —uno que intenta atropellarlos, otro que se ofrece a llevarlos— hasta encontrar al verdadero en el punto de encuentro acordado con la clave «Júpiter»; es Daniela quien, al enfrentarse al secuestrador en la casa, lo empuja escaleras abajo para que puedan escapar. La familia llega junto al Jason original hasta la Caja original, rodeada de decenas de otras versiones de él, hasta que se dan cuenta de que la única forma de que puedan quedarse en paz es que el Jason legítimo se meta dentro con su familia y cierre la puerta tras de sí, dejando fuera a todos los demás. Con esa imagen se cierra la primera temporada.

Cerramos el episodio valorando que, pese a dejar varios hilos abiertos a propósito —qué pasó con los tres sujetos anteriores a Jason que cruzaron la Caja y nunca volvieron, qué fue del multimillonario que compró las cincuenta dosis, qué harán los cientos de Jason supervivientes—, la temporada funciona como una historia cerrada y satisfactoria por sí misma. Con la segunda temporada confirmada, especulamos con que la serie explore más a fondo la física detrás de la decoherencia cuántica y el efecto acumulativo de tanta materia «importada» de tantos universos distintos sobre la estabilidad del propio multiverso. Para el próximo capítulo, cambiamos de terreno: nos espera un monográfico sobre mundos virtuales, realidad virtual y aumentada.

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