Isaac Asimov: vida y asimoverso
Biografía de Isaac Asimov, uno de los "tres grandes" de la ciencia ficción clásica junto a Clarke y Heinlein, y guía de lectura completa por el asimoverso: la saga de Robots, el ciclo del Imperio Galáctico y la saga de Fundación, con sus conceptos y personajes principales.

Dejamos atrás la ficción bizarra del capítulo anterior para meternos, por fin, con uno de los tres grandes de la ciencia ficción clásica.
Vamos a empezar por el final, tal y como lo hicimos en el propio episodio: Isaac Asimov murió el 6 de abril de 1992 en un hospital de Nueva York. La causa oficial fue insuficiencia cardíaca e insuficiencia renal. Pero años antes, en 1983, durante una cirugía de bypass, le transfundieron una bolsa de sangre contaminada con VIH —el test para detectarlo todavía no existía— y acabó desarrollando sida. Tanto su médico como su esposa Janet guardaron el secreto durante años: la verdadera causa de la muerte no fue el corazón, fue el sida.
Ni siquiera el día en que nació lo tenemos claro, y eso que ya avisamos de que su propia autobiografía a veces suena demasiado bonita para ser del todo fiable: nació en Petrovichi, Rusia, y él mismo adoptó el 2 de enero de 1920 como cumpleaños oficial sin tener certeza absoluta de la fecha real. A los tres años, su familia —judía— emigró a Brooklyn, y siempre dijo que ese viaje les salvó la vida: parte de la familia que se quedó atrás sufrió la invasión alemana. Aprendió a leer solo, juntando letras de los carteles de la calle, y su padre, dueño de una tienda de caramelos, le sacó el carnet de la biblioteca para alejarlo de las revistas pulp que consideraba "basura" —hasta que la palabra "ciencia" en el título de una de ellas, Science Wonder Stories, le hizo creer, por error, que eran material educativo. Nos encanta la frase que usa él mismo, citando una de sus propias novelas, para resumir de dónde viene su ética de trabajo: "la pluma pesa menos que el martillo".
Estudió en Columbia —zoología primero, bioquímica después— y el 21 de junio de 1938 se plantó en persona en las oficinas de Astounding Science Fiction con un relato bajo el brazo. Allí conoció a su editor, John W. Campbell, que le rechazó la historia pero con tantos consejos útiles que salió de la reunión con más ganas de escribir, no con menos. Su primera venta profesional llegó el 21 de octubre de 1938: "Marooned off Vesta", en Amazing Stories —la misma revista, por cierto, donde debutó Superman— por 64 dólares. De esas conversaciones con Campbell salieron sus dos grandes ideas, y las dos nos parecen igual de geniales: en 1940-41, las Tres Leyes de la Robótica, a partir de patrones que ya latían en sus propios relatos de robots; y en 1941, tras hablar de "Historia de la decadencia y caída del Imperio romano" de Gibbon, la saga de Fundación —de hecho fue Campbell quien tuvo la idea de inventar el hiperespacio, porque sin él todo el Imperio Galáctico no se sostenía.
Se casó con Gertrude Blugerman en julio de 1942, tras una cita a ciegas el día de San Valentín y un noviazgo de solo dos meses; años después reconocería, con esa honestidad tan suya, que había sido "un esposo egocéntrico y absorto en su escritura". Durante la Segunda Guerra Mundial trabajó como químico civil en el Astillero Naval de Filadelfia, lo que detuvo su escritura en seco —y, curiosamente, esa pausa forzada fue justo lo que le hizo decidir de una vez por todas que quería ser escritor. Se doctoró en 1948 tras defender una tesis que incluía, por el camino, un artículo satírico sobre una sustancia inventada, "la tiotimolina resublimada", firmado con su nombre real y que le costó no pocos nervios antes del examen oral.
En 1949 empezó a dar clases de bioquímica en la Universidad de Boston, y hacia 1958 la propia universidad intentó quitarle la plaza porque su éxito como escritor —ya ganaba más dinero con los libros que con la docencia— se veía como una distracción. Se llegó a un acuerdo: conservó el título sin sueldo ni obligación de dar clase, lo que en la práctica lo liberó para escribir a tiempo completo, encerrado diez horas al día frente a la máquina de escribir, con la persiana bajada. De ahí en adelante escribió a un ritmo de dos libros al mes sobre casi cualquier tema —incluso hizo una guía de lectura histórica de la Biblia—, hasta acumular una cifra que solemos redondear en "cerca de 500 libros" entre obra propia y editada (504-506, si nos ponemos exactos con los recuentos bibliográficos). Se divorció de Gertrude y en 1973 se casó con la psiquiatra y también escritora Janet Jeppson; por lo que hemos leído de sus memorias, con ella formaba una pareja mucho más compenetrada.
De los dos grandes pilares de su obra, la saga de Robots es la que os recomendamos para empezar: arranca con "Yo, Robot" (1950), un mosaico de cuentos cortos —protagonizados por la robopsicóloga Susan Calvin— que pone a prueba las Tres Leyes, y continúa con las novelas policiacas del detective terrícola Elijah Baley y el robot humanoide R. Daneel Olivaw: "Bóvedas de acero" (1954), un asesinato en las megaciudades cerradas de la Tierra con el prejuicio antirrobot de fondo; "El sol desnudo" (1957), un crimen aparentemente imposible en Solaria, donde nadie se ve en persona, con ayuda de la solariana Gladia Delmarre; "Los robots del amanecer" (1983), el primer "roboticidio" de la ciencia ficción, con el científico Han Fastolfe como sospechoso; y "Robots e Imperio" (1985), donde se formula ya explícitamente la Ley Cero —proteger a la humanidad por encima del individuo— y se tiende el puente hacia el Imperio Galáctico.
La saga de Fundación es más exigente, pero para nosotros es lo mejor que escribió Asimov, junto con "Bóvedas de acero". Hari Seldon inventa la psicohistoria —una ciencia que mezcla matemáticas y sociología para predecir el comportamiento de masas humanas, aunque no el de individuos— y, condenado al exilio por desafiar al Imperio, consigue que lo manden justo a donde quería: Terminus, el planeta más alejado, con un grupo de científicos bajo la excusa de compilar una Enciclopedia Galáctica. En "Fundación" (1951) esa colonia pasa del poder religioso —una "religión de la ciencia" para impresionar a los pueblos vecinos— al poder comercial, de la mano del alcalde Salvor Hardin. "Fundación e Imperio" (1952) introduce a El Mulo, un mutante de poderes mentales impredecibles que el propio Campbell sugirió a Asimov para romper la previsibilidad del plan (y no os vamos a hacer spoiler de cómo termina); "Segunda Fundación" (1953) resuelve esa amenaza y revela —sin decir dónde, que quede claro— que existe una segunda Fundación oculta en el otro extremo de la galaxia. Casi treinta años después, ya mayor, Asimov añadió dos secuelas por encargo de sus editores ("Los límites de la Fundación", 1982, Hugo a mejor novela; "Fundación y Tierra", 1986) y dos precuelas para rellenar el hueco entre el Imperio y la Fundación ("Preludio a la Fundación", 1988; "Hacia la Fundación", 1993, terminada el mismo año de su muerte).
Entre medias queda el ciclo del Imperio Galáctico ("Un guijarro en el cielo", 1950; "La arena estelar", 1951; "Las corrientes del espacio", 1952), con Trántor como capital administrativa —un planeta cubierto de metal y rascacielos, alimentado por veinte mundos que no producen nada, un paralelismo que nos parece clarísimo con la Roma que se sostenía de sus provincias—. "Un guijarro en el cielo" es, por cierto, la única novela de todo el asimoverso en la que se nombra directamente a la Tierra, ya radiactiva y marginada; a partir de ahí, el planeta de origen de la humanidad desaparece de la saga.
Fuera de Robots y Fundación nos quedamos con un par de novelas autoconclusivas que os recomendamos sin reservas: "El fin de la Eternidad" (1955), sobre una organización que viaja en el tiempo para evitarnos catástrofes a costa de nuestra propia curiosidad por las estrellas, y "Los propios dioses" (1972), que a cualquiera al que le guste la ciencia dura le tiene que encantar. Ninguna de las dos tiene continuidad con el resto del asimoverso —el propio Asimov explicó que el viaje temporal de la primera habría hecho inviable la psicohistoria.
Por resumir, esta es nuestra recomendación sobre el orden correcto para leerlo: el que os apetezca, sinceramente, pero si tenéis que elegir, empezad por la trilogía original de Fundación y seguid con la saga de Robots, más ligera y autoconclusiva. Su trilogía de Fundación ganó en 1966 el Hugo a la mejor serie de todos los tiempos —por delante, entre otras, de El Señor de los Anillos— y "El hombre bicentenario" le dio, por fin, el Hugo a mejor obra de ficción que tanto ansiaba. Para nosotros, Isaac Asimov es el segundo de "los tres grandes" de la ciencia ficción clásica junto a Arthur C. Clarke y Robert A. Heinlein —y ya os prometemos que a Heinlein le dedicaremos su propio capítulo.
En el próximo capítulo cambiamos de tercio para repasar los estrenos de cine y series que trae 2026.
Se menciona
- AutorIsaac Asimov
- LibroUn guijarro en el cielo
- LibroLa arena estelar
- LibroLas corrientes del espacio
- LibroFundación
- LibroFundación e Imperio
- LibroSegunda Fundación
- LibroLos límites de la Fundación
- LibroFundación y Tierra
- LibroPreludio a la Fundación
- LibroHacia la Fundación
- LibroBóvedas de acero
- LibroEl sol desnudo
- LibroLos robots del amanecer
- LibroRobots e Imperio
- LibroYo, Robot
- LibroEl fin de la Eternidad
- LibroLos propios dioses
- ConceptoPsicohistoria
- ConceptoTres Leyes de la Robótica
- PersonajeHari Seldon
- PersonajeElijah Baley
- PersonajeR. Daneel Olivaw
- PersonajeEl Mulo
- PersonajeSusan Calvin
- PersonajeGladia Delmarre
- PersonajeHan Fastolfe
- PersonajeSalvor Hardin
- PersonajeBayta Darell
- PersonajeArkady Darell
- UniversoAsimoverso