Alien: Romulus, Aliens y el resto de la saga — cerrando el ciclo del xenomorfo
Segundo y último bloque de nuestro especial dedicado a la saga Alien: Alien: Romulus, la nueva entrega que recupera el terror espacial más puro, y el cierre con Aliens, el regreso, Alien 3, Alien Resurrección y los crossovers con Predator.

Cerramos aquí nuestro especial dedicado a la saga Alien, empezado con las precuelas de Prometheus y Covenant y la película original de 1979. Este segundo bloque arranca con la incorporación más reciente a la saga, Alien: Romulus, y termina repasando el resto de secuelas de la etapa clásica protagonizada por Ellen Ripley, hasta los crossovers con Predator.
Alien: Romulus transcurre veinte años después de Alien, el octavo pasajero y treinta y siete antes de Aliens, el regreso, y deliberadamente se aparta de las grandes preguntas sobre el origen de la vida que dominaban Prometheus y Covenant para volver a lo esencial: un pasillo estrecho, goteante, y algo que te persigue por él. Rain es una minera huérfana de la colonia de Jackson's Star, atrapada por un sistema de cuotas de horas de trabajo que nunca se cumplen del todo; su hermano adoptivo Andy es un sintético de un modelo ya obsoleto, reprogramado por el padre de ambos con una única directriz antes de morir: cuidar de Rain. Convencida por su examor Tyler, Rain se une al grupo para asaltar Romulus, una estación espacial abandonada que orbita cerca de su colonia, en busca de cápsulas de hibernación con las que huir a un planeta habitable.
En la estación encuentran los cuerpos mutilados de la tripulación anterior y, en un laboratorio, el motivo de la matanza: cientos de facehuggers no criados, sino literalmente impresos a partir de código genético, congelados a la espera de un huésped. Al abrir la sala para conseguir el refrigerante que necesitan sus cápsulas, el ambiente se descongela y decenas de facehuggers caen al agua y empiezan a saltar sobre el grupo, en una de las secuencias más tensas de la película.
Allí conocen a Rook, un androide científico de la estación que resulta ser del mismo modelo que Ash, el sintético de la película original de 1979 —hasta comparte su mismo rostro—. Su rostro se recreó digitalmente a partir del actor Ian Holm, fallecido en 2020, con permiso expreso de su familia; el resultado, sin embargo, no convenció del todo, y es uno de los pocos momentos de la película en los que el CGI se nota por encima de los efectos prácticos que dominan el resto del metraje.
El grupo conecta el chip de memoria de Rook a Andy para acceder a los sistemas de la estación, y en ese momento la programación de Andy se sobrescribe: pasa a obedecer los intereses de Weyland-Yutani por encima de la seguridad de Rain, hasta el punto de intentar impedir que se elimine a una compañera ya infectada. Esa compañera, atacada por un facehugger con forma de araña, termina llevando a la estación de vuelta al carguero un compuesto biológico que allí descubren: la sustancia negra de los ingenieros, ya sintetizada, que promete «mejorar» a los humanos.
Kay, la hermana embarazada de Tyler, se inyecta ese compuesto al resultar gravemente herida. El resultado es tan predecible como terrible: el compuesto recombina el ADN del feto que lleva dentro y, en una escena que reproduce el nacimiento a través del pecho de la Alien original pero mucho más lenta y dolorosa, Kay da a luz a un híbrido humano-xenomorfo que la mata. Antes de eso, Tyler se ha sacrificado ante un xenomorfo para que Rain pueda escapar, y el grupo libra una de las escenas más celebradas de la película: al desactivar la gravedad de una sala para evitar que la sangre ácida de los xenomorfos perfore el casco, Rain tiene que atravesar un pasillo entero flotando en mitad de una nube de ácido suspendido, sin tocar nada, mientras la estación empieza a desmoronarse contra los anillos de escombros del planeta.
La película termina con Rain enfrentándose al híbrido y expulsándolo al vacío del espacio, y refugiando a Andy, gravemente herido, en una cápsula de hibernación mientras ella misma se prepara para hibernar rumbo a Yvaga, un planeta que promete un futuro mejor. De las tres últimas películas de la saga, es con diferencia la que mejor recupera el terror espacial original: apenas usa CGI, prioriza animatrónicos y maquetas como en 1979, y no se complica con grandes explicaciones sobre el origen de la vida o de la raza humana.
De Romulus saltamos a Aliens, el regreso, dirigida por James Cameron, que retoma la historia cincuenta y siete años después de Alien, el octavo pasajero. Ellen Ripley es rescatada de su cápsula a la deriva —junto con el gato Jonesy, que vuelve a sobrevivir— y Weyland-Yutani le pide que acompañe a un pelotón de marines coloniales de vuelta a LV-426, la luna donde se perdió el contacto con una colonia minera. La compañía, a través del ejecutivo Carter Burke, tiene un interés oculto: conseguir un espécimen de xenomorfo para su departamento de armas biológicas.
El pelotón —entre ellos el cabo Hicks, la soldado Vasquez y el androide Bishop, mucho más leal que Ash en la primera película— encuentra la colonia desierta y cae en una emboscada nada más entrar en contacto con los xenomorfos: varios marines mueren o quedan heridos en cuestión de segundos pese a ir armados hasta los dientes, y es Ripley quien toma el control del vehículo de transporte para sacar con vida al resto del grupo. Allí encuentran a Newt, una niña que ha sobrevivido sola escondida en los conductos de ventilación, y de la que Ripley se encariña hasta convertirla en su principal motivación para seguir luchando.
El resto de la película alterna el atrincheramiento del grupo mientras esperan el rescate con el enfrentamiento final entre Ripley y la Reina Alien, tres veces más grande que un xenomorfo adulto, a la que Ripley se enfrenta usando el exoesqueleto de carga con el que trabajaba antes de la misión. Bishop resulta partido por la mitad al proteger a Newt de caer al vacío del espacio cuando expulsan a la reina de la nave, pero sobrevive; la película cierra con Ripley, Newt y los restos de Bishop entrando en hibernación de vuelta a la Tierra, un final relativamente esperanzador para lo que vendría después.
Ese final se tuerce enseguida en Alien 3, la ópera prima de David Fincher como director. La nave de escape de Ripley sufre un fallo y se estrella en Fiorina 161, una colonia penal remota: Ripley es la única superviviente humana, pero un xenomorfo ha viajado con ella, y pronto descubre que además lleva un embrión de reina en su propio cuerpo. La colonia está habitada únicamente por reclusos varones —violadores y asesinos, «lo peor de lo peor», organizados en una especie de secta cuasi monástica— sin más armas que cuchillos de cocina, así que enfrentarse al xenomorfo se convierte en una cacería casi artesanal, con calderas de plomo fundido como única arma improvisada.
El líder espiritual de los presos, Dillon, ayuda a Ripley en el tramo final, cuando esta decide sacrificarse para evitar que Weyland-Yutani capture al xenomorfo y lo convierta en arma biológica: se arroja de espaldas a un horno industrial mientras la reina que lleva dentro está a punto de nacer, y en el último instante, en vez de rechazarla, abraza a la cría que emerge de su pecho y cae con ella al fuego. Es, con diferencia, la entrega más sombría y menos taquillera de la saga clásica, y el propio Fincher ha renegado de ella en numerosas entrevistas pese a demostrar después, en películas como Seven o El club de la lucha, que sabe manejar perfectamente el trasfondo psicológico que aquí no termina de cuajar.
Doscientos años después, en Alien Resurrección, dirigida por Jean-Pierre Jeunet, unos científicos militares clonan a Ripley a bordo de la nave Auriga a partir de restos de aquel ADN ya mezclado con el del xenomorfo, con el objetivo de extraer de nuevo a la reina que llevaba dentro. La clonación deja a esta nueva Ripley con reflejos, fuerza y sangre ácida sobrehumanos, y una identidad ambigua a medio camino entre lo humano y lo xenomorfo. Cuando los ejemplares criados en el laboratorio se liberan, Ripley se une a un grupo de contrabandistas que sin saberlo transportaban humanos en estasis como huéspedes, entre ellos Call, que resulta ser una androide diseñada para ayudar a los humanos, en las antípodas de los sintéticos corporativos del resto de la saga.
La propia naturaleza mezclada de esta Ripley se transmite a la Reina Alien que crece a bordo: por primera vez en la saga, la reina deja de necesitar huéspedes humanos y da a luz directamente a una cría adulta y formada, un híbrido de rasgos parcialmente humanos que identifica a Ripley como su madre por el olor y el ADN compartido. Ripley termina sacrificando a esa criatura, arrojándola al vacío por un boquete en el casco momentos antes de que la nave colisione con la Tierra; en guiones tempranos, de hecho, la película iba a terminar con Ripley y Call llegando a un París postapocalíptico, una idea descartada a favor del final más ambiguo, con ambas observando la Tierra desde la órbita.
Fuera ya de la cronología principal quedan los dos crossovers con Predator. Alien vs. Predator (2004) parte de la idea de que los Predators llevan siglos usando a los xenomorfos como presa ritual para demostrar su valía como cazadores, y sitúa el enfrentamiento en una pirámide bajo el hielo de la Antártida construida por ellos mismos hace miles de años; su secuela, Alien vs. Predator: Requiem (2007), libera el caos directamente en la Tierra, en un pueblo de Colorado, e introduce al Predalien, un híbrido nacido de un facehugger que parasitó a un Predator en la entrega anterior. Ninguna de las dos está demasiado bien considerada —la premisa, curiosamente, sí tiene sentido narrativo: para un cazador que busca al rival perfecto, un xenomorfo es la presa ideal—, y se recuerdan más como un experimento de mezcla de dos mitologías que como una continuación seria de ninguna de las dos sagas.
Con esto cerramos nuestro repaso a la saga Alien. La original de 1979 sigue siendo, para nosotros, la mejor película de todas; de las tres últimas incorporaciones, Alien: Romulus es la que mejor entiende qué hizo grande a la saga en primer lugar. Y aunque aquí acaba nuestro recorrido por las películas clásicas, los xenomorfos no han dicho su última palabra: queda pendiente ver qué trae Alien: Earth, la serie ambientada treinta años antes de Alien, el octavo pasajero.
En el próximo capítulo cambiamos por completo de saga para meternos con la ciencia ficción dura de verdad: El problema de los tres cuerpos, de Liu Cixin.
Se menciona
- PelículaAlien: Romulus
- PelículaAliens, el regreso
- PelículaAlien 3
- PelículaAlien Resurrección
- PelículaAlien vs. Predator
- PelículaAlien vs. Predator: Requiem
- ConceptoLa hibridación humano-xenomorfo
- ConceptoLos crossovers con Predator
- PersonajeEllen Ripley
- PersonajeRain Carradine
- PersonajeAndy
- PersonajeTyler
- PersonajeKay
- PersonajeRook
- PersonajeCabo Hicks
- PersonajeCabo Vasquez
- PersonajeBishop
- PersonajeNewt
- PersonajeCarter Burke
- PersonajeDillon
- PersonajeAnnalee Call
- PersonajeEl recién nacido (Newborn)
- FranquiciaAlien