La hibridación humano-xenomorfo
En las dos últimas entregas cronológicas de la saga original, el terror deja de venir solo del xenomorfo puro para centrarse en la mezcla de su ADN con el humano. En Alien: Romulus, la estación Romulus almacena una sustancia sintetizada a partir del compuesto de los ingenieros —el mismo origen que en Prometheus y Covenant— pensada para «mejorar» a los humanos; cuando Kay se la inyecta estando embarazada, el resultado es un híbrido con rasgos reconociblemente humanos, mucho más grande y desarrollado que un xenomorfo adulto normal. En Alien Resurrección, es la propia Ripley —ya clonada a partir de ADN mezclado con el del xenomorfo— la que transmite parte de su naturaleza humana a la Reina Alien que lleva dentro, hasta el punto de que esta deja de necesitar huéspedes humanos y puede gestar directamente a un recién nacido híbrido que reconoce a Ripley como su madre. Dos películas separadas por siete años de producción llegan así, por caminos distintos, a la misma idea: el auténtico monstruo de la saga surge cuando se cruza la línea entre lo humano y lo xenomorfo.
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- Alien: Romulus, Aliens y el resto de la saga — cerrando el ciclo del xenomorfo
Segundo y último bloque de nuestro especial dedicado a la saga Alien: Alien: Romulus, la nueva entrega que recupera el terror espacial más puro, y el cierre con Aliens, el regreso, Alien 3, Alien Resurrección y los crossovers con Predator.