Transcripción(mostrar) (ocultar) 00:00:00 Pinta a ficción, el podcast: sondas, satélites, orbitadores, rovers y hasta mini helicópteros han viajado desde la Tierra hasta el planeta rojo. Queremos saber todo de Marte, su atmósfera, su composición y cualquier otro dato que nos permita hacernos una idea de cómo es. Desde las primeras fotografías hasta la idea de traer muestras de vuelta para su estudio, son infinidad los cachivaches y aparatos que hemos lanzado, algunos con más éxito que otros. Pinta a ficción es el podcast en español que recorre la ciencia ficción de cero a mil. 00:01:07 Buenos días, buenas tardes y buenas noches otra vez a todos. «Pero esos días, ¿cuánto duran? ¿24,57 horas como en Marte?», pregunta Josito, porque hoy toca la tercera parte de la serie marciana: la exploración robótica del planeta rojo. 00:01:27 Cherp cuenta que le sorprendió, al documentarse, descubrir que la primera forma que tuvimos de conocer Marte no fueron los rovers, sino más de 100 meteoritos originados en el planeta rojo que llegaron a la Tierra —«de rebote», apunta Josito—, algún trozo de piedra marciana que, según algunas teorías, pudo traer consigo un posible origen de la vida (no marcianos, aclara). Josito recuerda una película de ciencia ficción en la que un robot viaja a Marte, toma una muestra de aire y sin querer absorbe a un alien que, al volver a la Tierra, resulta ser de los primeros marcianos que «vemos» en pantalla. 00:02:26 Dejando esas curiosidades aparte, tras los dos primeros capítulos dedicados a la observación de Marte con y sin telescopio, llegó el momento en que el ser humano necesitó algo más cercano y tecnológico: primero sondas, después rovers. Como se recordó en el capítulo anterior con la broma de la sonda que se estrelló «con éxito» porque al menos acertó la trayectoria, calcular esos trayectos en los años 60 y 70, sin ordenadores, y acertar la ventana de lanzamiento, la salida de la atmósfera terrestre y el rumbo hacia Marte, era ya un logro en sí mismo. 00:03:25 Cherp subraya la magnitud del reto: las distancias son casi infinitas, con una ventana de lanzamiento óptima cada dos años y dos meses, y un viaje de entre 6-8 meses en el mejor caso hasta cerca de dos años en el peor. Además de llegar rápido, hace falta acertar. Josito bromea sobre lo poco que le apetecería montarse en un cohete cargado de combustible líquido «por toneladas». Cada aparato costaba millones y tenía que sobrevivir al despegue, salir de la atmósfera y tomar el rumbo correcto —algo que ya se vio al hablar de la carrera espacial, cuando Wernher von Braun, con el cohete Saturno V de las misiones Apolo, en realidad quería llegar a Marte—. 00:04:54 En esa carrera de los años 60, la URSS ganó la partida a la Luna, aunque —bromea Josito— «los Estados Unidos se pone bruto y le da la vuelta a la tortilla». Ambas potencias empezaron a mandar sondas a Marte para conocer de primera mano el planeta y fotografiarlo desde la órbita. La URSS lanzó la Marsnik 1 en 1960, que falló en el propio lanzamiento; Estados Unidos, por su parte, lanzó varias sondas, entre ellas la Mariner 4, que en 1964 tenía una duración estimada de ocho meses pero acabó funcionando tres años, sobrevolando Marte y transmitiendo 21 imágenes. Cherp explica que este patrón —duraciones reales muy superiores a las estimadas— se repite porque las agencias calculan con mucha prudencia, para asegurarse de que las misiones cumplan su función. 00:06:34 Que a veces las sondas se pierdan, apunta Cherp, no es exclusivo de los años 60: en 2024 una empresa competidora de SpaceX perdió su primer cohete rumbo a la Luna por un problema de localización y una fuga de combustible. «Estamos en 2024 y todavía ocurre», remarca; a lo que Josito responde que la raza humana comete errores, se levanta, se encariña con el error y al final lo saca adelante. 00:07:41 Ya pasada la llegada a la Luna, la carrera seguía centrada en Marte: la URSS con su sonda Mars 3 y Estados Unidos con las Viking 1 y 2 (lanzadas casi al mismo tiempo) llegaron al planeta. La sonda soviética logró aterrizar en 1971, aunque el aterrizador solo operó 20 segundos en superficie —«un exitazo», ironiza Josito—. A partir de ahí surgió el concepto de los «7 minutos de terror»: el retraso de comunicación con Marte impide corregir nada durante el descenso, así que los sistemas tienen que actuar de forma autónoma; Josito lo compara con mandar el coche autónomo con el perro dentro y decirle «conduce tú» los últimos siete minutos antes de casa. 00:09:19 Las Viking 1 y 2, en 1975, fueron las que realmente abrieron la visión moderna de Marte: duración estimada de 90 días, pero el orbitador duró 6 años y el aterrizador —que no era un rover, no se movía— estuvo 4 años operando en superficie, mandando información de experimentos. Cherp cuenta una anécdota curiosa: en las pruebas en la Tierra, con nuestra atmósfera, los paracaídas de estos sistemas se rasgaban y rompían, y en la atmósfera marciana, más tenue, apenas frenaban nada; las Viking añadieron además un sistema de airbags, lo que las convirtió en las primeras en aterrizar con éxito real en el planeta rojo. 00:12:00 Entre los años 70 y 90 hubo varios intentos fallidos con sistemas de aterrizaje por cohetes, hasta que la NASA (bajo el nuevo lema «más rápido, más barato y mejor») decidió volver al esquema de las Viking pero añadiendo un pequeño rover: así nació en 1996 la misión Mars Pathfinder, con el rover Sojourner. Durante las pruebas en tierra los paracaídas y los airbags fallaban una y otra vez, pero a base de prueba y error acabó funcionando, y la misión —que no se esperaba que tuviera gran repercusión— fue un exitazo mediático. 00:13:06 Josito recuerda que, sin referencias previas, muchos se imaginaban a Sojourner mucho más grande de lo que era: en realidad tenía el tamaño de un microondas. Lo que sí era más grande era el propio aterrizador Pathfinder, una sonda tetraédrica que se abría en tres paneles solares triangulares —«como si aterrizara una pirámide», dice Josito; «estilo Stargate», añade Cherp—. Sojourner, estimado para unos 30 días, duró unos tres meses, hasta que —según cuentan las malas lenguas— falló la batería. Cherp añade el dato curioso de que el propio aterrizador Pathfinder fue rebautizado como Carl Sagan Memorial Station. 00:14:14 Ambos coinciden en que ese fue el gran hito tras las Viking: por primera vez había en superficie un vehículo capaz de moverse y explorar. Sojourner no llevaba instrumentos de análisis, solo una cámara, y desde su punto de aterrizaje llegó hasta un lugar llamado Ares Vallis, mandando 500 imágenes y superando ampliamente su vida útil prevista (85 días terrestres, 83 soles marcianos). Aquel primer éxito sirvió también para que la NASA aprendiera a fotografiar la superficie y elegir dónde «aparcar» a los siguientes rovers. 00:15:46 Josito cuenta el dato curioso del nombre de Sojourner: la NASA convocó un concurso entre estudiantes estadounidenses para bautizar al rover, y una niña de 12 años, Valerie Ambroise, propuso el nombre en honor a Sojourner Truth, activista abolicionista y luchadora por los derechos de las mujeres. 00:16:31 Tras Pathfinder, la NASA se centró en enviar sondas orbitadoras. Cherp recuerda que hubo muchas más misiones de las que se cuentan en el episodio —solo se repasan las que tuvieron éxito—, y bromea sobre las que se perdieron por el camino («que descansen en paz»). Entre 1996 y 2003 se lanzaron, por ejemplo, la Mars Global Surveyor (duración estimada de dos años, que acabó funcionando diez, con mejor resolución fotográfica que las Viking) y la europea Mars Express con el módulo de aterrizaje Beagle 2 en 2003, que fracasó en el intento de posarse en superficie —a diferencia de una misión tripulada, recuerda Cherp, una sonda no puede corregir nada sobre la marcha, como sí pudo hacer el piloto que aterrizó manualmente el módulo lunar del Apolo 11 en un sitio distinto al previsto—. 00:19:51 Llegó entonces el turno de los rovers gemelos Spirit y Opportunity, pensados para ir un paso más allá y buscar evidencias de que hubo agua en Marte. Spirit estudió el cráter Gusev, mientras que Opportunity analizó la región de Meridiani Planum, los dos lugares con más probabilidades de esconder restos de agua o vida pasada. Hoy sabemos que hay mucha agua en Marte, sobre todo subterránea y congelada en los casquetes, pero en aquel momento no había constancia física directa. Estos dos rovers hicieron un análisis geológico mucho más extenso que Pathfinder, que no llevaba instrumentos de medición. 00:21:01 Fue precisamente Opportunity la que encontró la probabilidad de que hubo agua líquida en Marte en el pasado, lo que abrió la puerta a pensar en una futura colonización humana: el agua no solo es necesaria para la vida, sino que permite producir in situ oxígeno, hidrógeno y combustible, evitando tener que llevarlo todo desde la Tierra (algo carísimo, ya que cada kilo enviado al espacio cuesta millones). Opportunity superó su expectativa de vida entre 20 y 60 veces, hasta que la NASA dio la misión por finalizada en febrero de 2019; el rover descansa en un lugar bautizado como el Valle de la Perseverancia. 00:22:46 Tras años de éxito de Spirit y Opportunity, hacía falta un recambio: en noviembre de 2011 se lanzó la misión Mars Science Laboratory, con el rover Curiosity a bordo —el primer rover «de verdad», de unos 3 metros de largo, frente al «microondas» que fue Sojourner—. Josito explica el origen de la palabra rover: viene del inglés to rove, deambular, porque estos vehículos no tienen un rumbo fijo, sino que van explorando según las órdenes que reciben desde la Tierra. Curiosity, mejor equipado que sus predecesores, incorpora una antena de alta ganancia, instrumentos de medición ambiental y un taladro en un brazo para tomar muestras del suelo marciano, con la esperanza de que algún día puedan traerse muestras reales (no solo meteoritos que llegan rebotados) a la Tierra para su estudio. Lo básico que se busca es agua, de la que se puede extraer oxígeno, hidrógeno y combustible. 00:25:41 Curiosity lleva en operación desde 2011 —más de 13 años a fecha de este episodio (enero de 2024)— y sigue funcionando sin problemas. En 2013 se envió también una sonda orbitadora, con una duración estimada de solo un año pero que, diez años después, seguía en funcionamiento estudiando la atmósfera de Marte y su evolución: algo clave tanto para entender si podríamos vivir allí como para planificar futuros aterrizajes, lanzamientos e incluso vuelos de aeronaves. 00:26:57 Después llegó el Perseverance, cuyo propio nombre «traduce bastante lo que somos nosotros». Resuelve algunos de los problemas de Curiosity —como el desgaste de las ruedas por rocas afiladas, que llegó a dejarlo atascado meses en una duna hasta que los ingenieros de la NASA programaron maniobras para sacarlo poco a poco—. Lanzado el 30 de julio de 2020 a las 13:50 hora española sobre un cohete Atlas V, Perseverance mide unos 3 metros de largo por 2,7 de ancho y pesa algo más de una tonelada, un poco más grande que Curiosity. Aterrizó el 18 de febrero (de 2021) tras recorrer 470 millones de kilómetros, y su objetivo principal es buscar signos de que existió vida en Marte —algo que, de confirmarse, cambiaría por completo la pregunta de si estamos solos en el universo—. 00:29:16 Una de las cosas que más le gustó a Cherp del Perseverance es que no viaja solo: le acompaña Ingenuity, un helicóptero (no un dron) diseñado con una doble hélice para poder volar en una atmósfera mucho más tenue que la terrestre. Sus sobrevuelos permiten mapear el terreno para que Perseverance sepa por dónde moverse con más seguridad, aunque la NASA avisa de que no hay que esperar vuelos de muchos kilómetros: entre 20 y 30 kilómetros máximo alrededor del rover. 00:30:18 Cerrando el bloque de rovers, Cherp destaca que el Perseverance acumula todo el conocimiento y la tecnología de sus predecesores, aunque —señala— estos rovers de 2020 son previos al auge de la IA actual; ambos coinciden en que les gustaría ver el próximo rover que ande con inteligencia artificial, un tema que enlazan con precedentes de IA en películas ambientadas en Marte. 00:31:10 Estados Unidos no ha sido el único país en esta carrera: China lanzó en 2020 la misión Tianwen, con una duración estimada de 90 días para el rover pero que sigue funcionando. Se trata de un orbitador con un módulo de aterrizaje que primero orbitó Marte para localizar el punto de descenso y después soltó la cápsula de aterrizaje —otro sistema distinto para lograr lo mismo: llegar y posar un módulo o rover en superficie, buscando evidencias de agua y hielo de cara a una futura colonia—. «La idea es irnos a Marte», resume Josito, «pero no es ir y volver como con la Luna: es quedarnos». 00:32:22 También en 2020, los Emiratos Árabes Unidos lanzaron su propia misión, prevista para durar unos dos años pero todavía en funcionamiento, centrada en estudiar con un orbitador la atmósfera marciana, su clima y sus estaciones —posibles gracias a la inclinación del eje del planeta—. 00:32:54 Llegados a este punto, Cherp y Josito pasan a la parte «más divertida»: películas, series y libros ambientados en Marte. Empiezan con Total Recall (Desafío Total), protagonizada en su versión original por Arnold Schwarzenegger, y la escena de la zona roja del planeta con todos los placeres imaginables. Coinciden en que, pese al remake posterior, la representación de la atmósfera hostil de Marte —la cúpula, la muerte si hay una brecha en el traje— está mejor lograda en la versión de Schwarzenegger. 00:34:38 Recuerdan también la famosa foto de una sonda real en la que se creyó ver una cara y unas pirámides en la superficie marciana, un hito que inspiró la película Misión a Marte (Gary Sinise y Tim Robbins): una misión tripulada de la NASA en el año 2020 (en la ficción) descubre una antigua estructura con forma de cúpula y un rostro humano tallado en la superficie. En el interior hay una cerradura biométrica con una huella de una mano de cuatro dedos en vez de cinco; al final, uno de los astronautas decide introducirse en una vaina que lo envía al origen de nuestros antepasados en la profundidad del espacio, revelando que la vida en la Tierra procedería de Marte. «Os la acabamos de destripar vilmente», bromea Josito, aunque la recomienda igualmente —es una película del año 2000—. 00:36:37 Josito recomienda además un libro de Arthur C. Clarke, Las Arenas de Marte, escrito en 1951, antes incluso de las misiones Viking, cuando de Marte solo había imágenes de telescopio. El protagonista, un famoso novelista llamado Martin Gibson, viaja a una pequeña colonia marciana; el libro tiene mucha ciencia ficción entretenida, aunque pierde algo de vigencia porque imagina plantas y animales marcianos con los que interactúan los colonos —algo que hoy sabemos que no existe, aunque no del todo descartable en un pasado remoto, dado que Marte pudo tener agua líquida, mares, más atmósfera y protección magnética—. 00:38:17 También del año 2000 es Planeta Rojo, con Val Kilmer y Carrie-Anne Moss: ambientada en 2050, con la Tierra al borde del colapso ecológico y la esperanza puesta en un proyecto de terraformación marciana (tema que se retomará en el próximo capítulo) mediante la liberación del CO2 congelado del planeta para atrapar calor —aunque, matiza Cherp, también haría falta nitrógeno y oxígeno—. Cherp señala que esta película tiene menos ciencia y más invención que las anteriores, aunque destaca un robot con inteligencia artificial y modo militar que, tras el golpe del aterrizaje, «se pone un poco loco» y pierde el control. 00:40:12 Por último, Josito menciona Ghosts of Mars (Fantasmas de Marte), de John Carpenter (2001), ambientada en una Marte ya terraformada del año 2176: una película de terror que ambos coinciden en no recomendar («para verla un domingo por la tarde y echarte la siesta»). 00:40:49 Cierran haciendo balance de casi 70 años de sondas y rovers explorando Marte: los humanos queremos ir allí y, «por más que fracasemos, seguimos», dice Josito. En el próximo capítulo hablarán de la futura colonización y terraformación de Marte, con más ciencia ficción, libros y algún informe real de astrofísico que acabó novelado. 00:41:45 Pinta a ficción, el podcast: sumérgete en nuestras historias y disfruta alimentando tu imaginación. 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