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Las 100 mejores películas de ciencia ficción según Pinta a Ficción

Ep. 23Top 100 películas de ciencia ficción · 13 oct 2023
Ep. 24Top 100 películas de ciencia ficción (parte II) · 21 oct 2023

Después de cerrar la primera temporada con el triple de frikismo, arrancamos la segunda a lo grande.

Con este episodio arrancamos la segunda temporada de Pinta a Ficción, y lo hacemos a lo grande: micrófonos nuevos, presencia ya en Apple Podcasts, portadas más temáticas y una promesa que llevábamos gestando desde el año pasado —la lista de las 100 mejores películas de ciencia ficción según nosotros—. No es una lista objetiva ni pretende serlo: nos apoyamos en las listas de FilmAffinity, IMDb, Rotten Tomatoes y revistas especializadas, pero el criterio final es el nuestro, después de llevar, literalmente, media vida viendo cine y leyendo ciencia ficción. Dejamos fuera a propósito clásicos fundacionales como El viaje a la Luna (1902) de Méliès o el Frankenstein de 1910: son el origen del género, pero no ciencia ficción tal y como la entendemos hoy. Todas las películas que aparecen aquí nos gustan de verdad —el número exacto del puesto es discutible, pero el hueco en el top 100, no.

Empezamos por el final. La número 100 es Metrópolis (1927), la primera gran distopía del cine: en los años 20 se pensaba que los robots vendrían a ayudarnos en casa, y esta película fue la primera en imaginar justo lo contrario, una raza de robots dominando a los humanos —el origen de todo el miedo posterior a las máquinas—. Seguimos con El incidente (2010), un thriller sobre una epidemia misteriosa que causa muertes sin motivo aparente; ¡Olvídate de mí! (2004), en la que Jim Carrey descubre que su expareja ha borrado sus recuerdos de la relación y decide hacer lo mismo; 20.000 leguas de viaje submarino (1954), la aventura pura de Julio Verne con un capitán Nemo que mejora mucho si has leído antes el libro; y La invasión de los ladrones de cuerpos (1956), de las primeras invasiones alienígenas del cine y una de las que más miedo nos dio de pequeños —esa gente que sale y ya no se ríe igual.

Mad Max: Furia en la carretera (2015) recupera la estética postapocalíptica de la saga original con maquillajes y banda sonora que se sienten reales. Pi (1998) es ciencia ficción límite: un matemático viaja a una isla donde la naturaleza creció distinta, acompañado de un tigre de Bengala. The Postman (1997) entra en la lista casi por narices —es de las favoritas de la mujer de uno de nosotros, y aunque la crítica nunca la trató bien, la defendemos con la misma fuerza con la que reconocemos que Waterworld, del mismo Kevin Costner, se queda fuera—. Cerramos el bloque con los dos Parque Jurásico —el original de 1993 y el reboot Jurassic World (2015)—, que abrieron una puerta generacional entera al interés por los dinosaurios, aunque como nos recordó un paleontólogo al que le preguntamos, la ciencia todavía no tiene ni idea de qué color tenían realmente.

Están vivos (1988) imagina unas gafas que revelan qué gente de nuestro alrededor es en realidad extraterrestre. Cuando el destino nos alcance (1973), con Charlton Heston, plantea una Nueva York de 40 millones de habitantes al borde del colapso por la escasez de recursos —un tema al que dedicaremos un episodio entero esta temporada—. Los juegos del hambre: En llamas (2013) y Sunshine (2007) —esta última con una misión desesperada para reactivar un sol que se apaga— completan el bloque, y cerramos con Vengadores: Endgame (2019), el cierre de cuatro fases enteras del UCM que, pese a sus más y sus menos, nos dejó con la sensación de haber cerrado un capítulo entero de nuestra vida como espectadores.

Watchmen (2009) es puede que la película de superhéroes más infrautilizada de la lista: tiene material de sobra para haber sido una saga tan grande como Vengadores, con un grupo de héroes que descubren que, en el fondo, tienen los mismos defectos que cualquier humano. Juegos de guerra (1983) es pura nostalgia ochentera —un chaval que se conecta sin querer al Departamento de Defensa de Estados Unidos—, y La cosa (1982) mezcla terror y ciencia ficción en la Antártida con un grupo de científicos que se topan con algo que no debería existir. Ghost in the Shell (1995) inaugura el ciberpunk de la lista, y K-Pax (2001) deja la duda abierta hasta el final sobre si Kevin Spacey es de verdad un extraterrestre o un paciente psiquiátrico más.

Desafío Total (1990) lleva a Arnold Schwarzenegger a Marte en clave de espías y acción; Star Wars: Episodio V - El Imperio contraataca (1980) es, para nosotros, la mejor entrega de la saga original. Chronicle (2012) sigue a tres jóvenes de Seattle que desarrollan superpoderes tras exponerse a una sustancia extraña en un bosque, y nos interesa sobre todo por cómo gestionan ese cambio en plena adolescencia —el mismo conflicto que se repite en casi todas las historias de superpoderes—. Hijos de los hombres (2006) imagina una esterilidad global total, sin una sola mujer embarazada en el planeta, y arranca con la muerte del ser humano más joven vivo como si fuera una catástrofe mundial. The Discovery (2017) parte de un científico que demuestra que existe vida después de la muerte, Serenity (2005) es el broche de oro a Firefly, una serie de culto cancelada tras una sola temporada, y Déjà Vu (2006) deja a Denzel Washington usando una máquina capaz de ver el pasado para intentar cambiarlo. Pacific Rim (2013) enfrenta monstruos gigantes surgidos de una brecha espaciotemporal con robots pilotados a dos cerebros conectados, Star Wars: Episodio IV - Una nueva esperanza (1977) es el origen de todo con el joven Luke Skywalker, y Guía del autoestopista galáctico (2005) —con su chiste recurrente de que la Tierra se demuele para construir una autopista intergaláctica— es de esas películas muy frikis que hay que leer en libro además de ver.

Las vidas posibles de Mr. Nobody (2009) sigue al último ser humano mortal, que repasa las vidas que pudo haber vivido mientras el universo empieza a colapsar hacia el Big Crunch. Armageddon (1998) nos trae la misión de volar un cometa antes de que impacte contra la Tierra, con la canción de Aerosmith de fondo. Invasión (2007), con Nicole Kidman, es la versión moderna de La invasión de los ladrones de cuerpos, y curiosamente nació de una serie que fue cancelada tras una temporada. Men in Black (1997) normaliza con mucho humor la vigilancia extraterrestre en la Tierra, y Star Wars: Episodio VI - El retorno del Jedi (1983) es, para nosotros, el mejor cierre posible de la trilogía original. Cocoon (1985) imagina a un grupo de ancianos rejuvenecidos por unos extraterrestres a los que ayudan a cambio, Bienvenidos al ayer (Project Almanac, 2015) recupera el tema del cambio de línea temporal al viajar al pasado, y Aniquilación (2018) sigue a una científica investigando una zona donde la naturaleza muta sin explicación aparente —puede que por una brecha entre universos—. Cerramos el bloque con El gigante de hierro (1999), la única animación de toda la lista, y Equilibrium (2002), sobre una sociedad que decide eliminar todas las emociones, buenas y malas, para acabar con la guerra.

E.T. El extraterrestre (1982) marcó a toda una generación —puede que sea la primera película que muchos de nosotros vimos en un cine—. X-Men: Días del futuro pasado (2014) es, de toda la saga mutante, la entrega con más ciencia ficción real, mezclando viajes en el tiempo y futuros alternos. Solaris tiene dos versiones: nos quedamos con la de 1972, más fiel al libro, frente al remake de 2002 con George Clooney —y como siempre, recomendamos leer la novela—. Donnie Darko (2001) construye bucles temporales y universos alternos alrededor de un conejo gigante que solo el protagonista puede ver, y Minority Report (2002) imaginó un futuro con interfaces gestuales que todavía no hemos alcanzado y un sistema de precrimen que detiene asesinatos antes de que ocurran. El quinto elemento (1997) —con el vestuario futurista de Jean-Paul Gaultier y una Milla Jovovich espectacular— y Horizonte final (Event Horizon, 1997), sobre una nave que desaparece y vuelve con algo que no debería haber traído, cierran el bloque del terror espacial. A.I. Inteligencia Artificial (2001) explora la relación entre humanos y androides, Looper (2012) trae de vuelta los viajes en el tiempo con asesinos a sueldo que eliminan objetivos enviados desde el futuro, y Coherence (2013) hace que varias realidades paralelas choquen entre sí cuando pasa un cometa cerca de la Tierra.

Star Trek IV: Misión salvar la Tierra (1986) mezcla la tripulación original con un viaje al pasado para rescatar ballenas y salvar el planeta —para nosotros, la mejor de las películas clásicas de la saga—. El día de la independencia (1996) es la típica invasión alienígena con Will Smith salvando el mundo a base de buenos efectos especiales para su época. Regreso al futuro 3 (1990) cierra la trilogía con Marty McFly en pleno salvaje oeste, y La guerra de los mundos (2005), con Tom Cruise, recrea con fidelidad la novela de H.G. Wells y sus trípodes. The Creator (2023) es la más reciente de toda la lista —la vimos en cines hace poco— y mezcla inteligencia artificial, androides y la pregunta de hasta qué punto una IA puede sentir de verdad. Multiple (Split, 2016), dentro de la trilogía de El protegido y Glass, lleva el trastorno de identidad disociativo al terreno de los superpoderes, y Avatar (2009) creó un mundo entero en Pandora que no deja de ser, en el fondo, una relectura de la colonización. Encuentros en la tercera fase (1977) sigue la obsesión de un trabajador con un mensaje extraterrestre que solo él parece entender, Al filo del mañana (2014) convierte el bucle temporal en pura acción con exoesqueletos y Tom Cruise reviviendo la misma batalla una y otra vez, y cerramos la primera mitad de la lista con La carretera (2009), con Viggo Mortensen —la que más nos ha tocado como padres, sobre un mundo postapocalíptico en el que lo único que importa es proteger a los tuyos.

Retomamos donde lo dejamos para rematar la faena con las últimas 40 —o mejor dicho, las primeras 40, según se mire—. El número 40 es para WALL·E (2008): un robot basurero solitario que se enamora de una unidad más avanzada, EVE, en una Tierra abandonada y llena de basura donde la humanidad, convertida en una raza obesa que vive en una nave interestelar, tiene que reaprender a valorar lo que queda del planeta. Es, para nosotros, la esencia misma de la esperanza.

La mosca (1986) es de esas películas que nos encantan porque intentan dar una explicación pseudocientífica real al teletransporte: un científico se combina accidentalmente con el ADN de una mosca y empieza una transformación progresiva, no inmediata, que se va haciendo cada vez más inquietante. Todo a la vez en todas partes (2022), premiada con varios Oscars, mezcla viajes en el tiempo, realidades alternas y artes marciales con un humor tan asiático como absurdo —sí, las salchichas por dedos incluidas—. Moon (2009) sigue a un astronauta que cumple un contrato de cuatro años en solitario en una base lunar y empieza a notar que algo no encaja, y District 9 (2009), ambientada en Johannesburgo, le da la vuelta al cliché de la invasión alienígena: los extraterrestres que llegan no tienen ninguna tecnología, son obreros, y la forma en que la sociedad humana los trata es una alegoría directa del apartheid.

Oblivion (2013) arranca ya con la Tierra devastada tras una guerra contra una raza enemiga, siguiendo a una pareja de trabajadores encargados de extraer los últimos recursos del planeta con una tecnología de pantallas táctiles que recuerda mucho a Minority Report. Predestination (2014) lleva los bucles temporales al extremo —el protagonista termina siendo, literalmente, su propio padre y su propia madre—. El planeta de los simios (1968), con Charlton Heston, sigue siendo de las mejores distopías postapocalípticas del cine por ese final de la Estatua de la Libertad enterrada en la playa. Regreso al futuro (1985) es la original de la trilogía, con el DeLorean de Doc Brown y un Michael J. Fox que terminó siendo el sustituto perfecto del actor que iba a protagonizarla en un principio. Cerramos con Trascendence (2014), sobre un científico que logra descargar toda su conciencia a un soporte digital para seguir existiendo después de morir.

El vuelo del navegante (1986) nos regaló una de las naves más bonitas de la ciencia ficción de los 80 —una especie de gota de mercurio construida, en realidad, a base de pintura plateada y mucho oficio— y a un niño que la nave usa como disco duro humano para guardar información, sin que él envejezca mientras el resto del mundo sigue su curso. Código fuente (2011) juega con la idea de reconstruir los últimos minutos de vida de otra persona para evitar un atentado, con un final abierto que deja entrever la existencia de universos paralelos. Tron (1982) fue pionera a nivel de efectos visuales —se rodó en blanco y negro para poder insertar después los efectos luminiscentes— y sigue siendo de esas películas que han envejecido bien pese a la tecnología de su época. Ex Machina explora la interacción entre humanos y una inteligencia artificial a través de una variante del test de Turing, y Passengers (2016) sigue a una tripulación en hibernación durante un viaje de colonización que se despierta antes de tiempo por una avería.

La máquina del tiempo (2002), con Guy Pearce, es de las adaptaciones que más veces hemos visto de toda la lista, con una recreación muy fiel al espíritu steampunk de la novela de H.G. Wells. Stargate (1994) resolvió el problema de viajar a otros planetas sin naves espaciales con una idea muy elegante: agujeros de gusano artificiales que pliegan el espacio-tiempo, el origen de toda la saga posterior. Blade Runner (1982), la adaptación de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, fue pionera en plantear que humanos y máquinas pensantes pudieran llegar a ser indistinguibles entre sí. Gravity (2013) apuesta por el silencio y muy poco diálogo para transmitir el desespero de dos astronautas atrapados en el espacio tras un accidente, y Terminator 2: El juicio final (1991) convirtió a un Schwarzenegger de pocas palabras en el papel perfecto para un protector cyborg —su forma seca y robótica de hablar terminó siendo su mayor virtud interpretativa.

Y llegamos al top 20. Her (2013) nos hizo plantearnos si es posible enamorarse de verdad de una inteligencia artificial —y por qué no, si esa IA puede conocerte mejor que nadie—. Gattaca (1997) explora una sociedad obsesionada con la selección genética de sus ciudadanos, donde tu ADN es tu carta de presentación. Robocop (1987) convierte a un policía asesinado por narcotraficantes en un cyborg, en una película sorprendentemente sangrienta para el público infantil que la vio en su día. Primer (2004), rodada con un presupuesto de apenas unos miles de dólares, es puro cerebro: sus efectos son casi inexistentes, pero su complejidad argumental sobre viajes en el tiempo obliga a verla varias veces para entenderla del todo. La niebla (2007), basada en Stephen King, se gana el puesto solo por su final, que preferimos no destripar. Elysium (2013) lleva la desigualdad social al extremo, con los ricos viviendo sanos en una estación orbital mientras el resto se queda sin acceso ni a lo más básico. Marte (2015) sigue a un astronauta abandonado en el planeta rojo que sobrevive plantando patatas —la hemos visto más de diez veces cada uno—. 12 Monos (1995) cierra un viaje en el tiempo en un círculo temporal completo, con Bruce Willis y Brad Pitt a un gran nivel. Alien, el octavo pasajero (1979) presentó a la teniente Ripley y a una criatura cuya sangre es literalmente ácido. Y 2001: Una odisea del espacio (1968) sigue siendo un hito técnico rodado íntegramente con maquetas, sin un solo efecto digital, con una banda sonora que se ha vuelto mítica y un monolito que todavía da para discusiones eternas.

El top 10 arranca con Contact (1997): una científica recibe un mensaje extraterrestre a través de una señal de radio, y lo primero que la humanidad envió al espacio y nos devolvieron fue, irónicamente, la grabación de Hitler en los Juegos Olímpicos de Berlín. 1984, la adaptación de la novela de George Orwell, retrata una sociedad totalitaria que controla el pensamiento a través de la vigilancia y la manipulación informativa constante. Repo Men (2010) imagina una sociedad en la que los órganos artificiales se compran a crédito —y si no pagas, te los quitan por la fuerza—. Prometheus (2012) amplía el universo de Alien buscando el origen de la vida humana a través de la panspermia. Y Soy leyenda (2007) cierra el bloque con un virus que, en su intento de curarlo todo, convierte a la mayoría de la humanidad en criaturas fotofóbicas.

Ultimátum a la Tierra (2008), con Keanu Reeves, nos regaló una de las mejores frases de toda la lista, cuando el científico le pide al extraterrestre que no les arrebate la oportunidad de aprender de sus errores como especie. Y Origen (2010) sigue siendo una de esas películas que hay que ver varias veces para descubrir nuevos detalles cada vez —sueños dentro de sueños, con una ambigüedad final que ni el propio Christopher Nolan quiso desvelar.

Y llegamos al podio. En el número 3, Interestelar (2014): la capacidad de trasladar la física real a imágenes, asesorada por el científico Kip Thorne, hizo que su representación de un agujero negro se pareciera de forma asombrosa a la primera fotografía real que se consiguió años después. En el número 2, Matrix (1999): la disrupción de conciencia que plantea —que quizá nada de lo que vivimos es real— no es una idea nueva, viene de la alegoría de la caverna de Platón, pero la película supo ponerla en imágenes como nadie antes. Y en el número 1, La llegada (2016): un primer contacto en el que entender el lenguaje de los alienígenas —criaturas de otra dimensión que han viajado a través de milenios— termina abriendo la puerta a percibir el tiempo de una forma completamente distinta. Para nosotros, la mejor película de ciencia ficción jamás hecha.

Con esto cerramos las 100 mejores películas de ciencia ficción según Pinta a Ficción —sabemos que faltan títulos, que el orden es discutible, y que cuando la revisemos y quede todo cerrado la dejaremos disponible para que la comunidad la pueda consultar entera—. Nos encantaría que nos escribáis con vuestras propias listas y con lo que os hemos dejado fuera. El próximo episodio de la temporada tocará otro de los grandes temas del año: el fin del mundo, con todas las formas en las que la ciencia ficción imagina el apocalipsis —y para ir abriendo boca, nos hemos hecho las cinco preguntas de rigor: qué harías si supieras que el mundo se acaba en un año, en seis meses, en un mes, en una semana o en un solo día.

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