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Desmintiendo fakes: el duelo de historias increíbles entre Cherp y Josito

Ep. 47Desmintiendo fakes · 13 dic 2024

Después de dos capítulos muy densos sobre El problema de los tres cuerpos, tocaba un formato completamente distinto.

Este episodio rompe con el formato habitual del podcast: en vez de analizar una saga o un tema, Cherp y Josito juegan a un duelo que llevaban tiempo queriendo hacer. Cada uno prepara en secreto una serie de historias —sucesos reales, leyendas urbanas, bulos o argumentos de películas y libros— y se las cuenta al otro por turnos, sin revelar de antemano si son verdad o fake. El que escucha tiene que adivinarlo y explicar por qué; después, quien la contó desvela la respuesta y, si es mentira, de dónde sale: un bulo viral, una noticia inventada o el argumento de una obra de ficción concreta.

Cherp abre el duelo con la historia de Pushinka, una perrita que la Unión Soviética regaló a Estados Unidos en plena Guerra Fría. Es verdad, y con más matices de los que Josito esperaba: Pushinka era hija de Strelka, una de las dos perras —junto con Belka— que sobrevivieron en 1960 al vuelo orbital del Sputnik 2, un ensayo clave antes de enviar humanos al espacio. En 1961 el líder soviético Nikita Jrushchov se la regaló al presidente John F. Kennedy como gesto de buena voluntad; la CIA la inspeccionó a fondo por si escondía micrófonos, y una vez instalada en la Casa Blanca, Pushinka hizo buena amistad con Caroline Kennedy y tuvo una camada de cachorros con Charlie, el terrier galés de la familia, bautizados cariñosamente «pupniks» —por Sputnik— y repartidos después entre varias familias.

Josito responde con un caso médico real de 2013: una mujer, Elizabeth Anne Hodges, dio a luz a gemelos gestados cada uno en un útero distinto, al haber nacido con útero didelfo, una malformación congénita extremadamente rara por la que se desarrollan dos úteros separados. Cherp, que además de anfitrión es sanitario, confirma que es un caso real aunque infrecuentísimo, y de paso explica que los gemelos, en este caso, sí son idénticos: el óvulo fecundado se dividió en dos justo antes de que cada mitad se implantara en un útero diferente.

Cherp intenta colar después una noticia inventada para la ocasión: un supuesto informe del «Observatorio Global de Geofísica» de Ginebra que detecta una ralentización anómala en la rotación del núcleo terrestre, con científicos de nombre y apellido (el doctor Henrik Larsson, la doctora Elena Martínez) especulando sobre redistribución de calor interno o materiales exóticos en el núcleo. Es puro fake, construido con el mismo molde que usa más adelante en el episodio para otra noticia falsa sobre señales de radio misteriosas detectadas en órbita baja: ambas imitan el formato de un artículo científico real, con expertos citados y cifras concretas, precisamente para resultar creíbles.

Josito cuenta después la historia del Mothman: entre 1966 y 1967 los habitantes de Point Pleasant, en Virginia Occidental, reportaron múltiples encuentros con una entidad humanoide alada de gran tamaño y ojos rojos luminosos. El 15 de diciembre de 1967 el colapso del puente Silver Bridge, con 46 muertos, se asoció retrospectivamente con esos avistamientos como una suerte de presagio. Los hechos —el miedo colectivo, los avistamientos documentados, el colapso real del puente— son verdad; lo que nunca se ha demostrado es la existencia de la criatura. La leyenda dio lugar a Mothman (2002), con Richard Gere, que Josito recomienda sin reservas.

Cherp presenta entonces siete coincidencias entre De la Tierra a la Luna (1865), de Julio Verne, y el programa Apolo real: el lugar de lanzamiento del proyectil Columbiad, cerca de Tampa, Florida, a apenas un puñado de kilómetros del Centro Espacial Kennedy en Cabo Cañaveral; un vehículo metálico hermético con tres tripulantes, igual que el módulo de mando del Apolo 11 con Armstrong, Aldrin y Collins; unas dimensiones de cápsula sorprendentemente próximas a las reales; un amerizaje final en el océano Pacífico; y, el dato que más impresiona a Josito, una velocidad de escape calculada por Verne en unos 11 km/s frente a los 11,2 km/s reales, con la física newtoniana del siglo XIX y sin cálculos de mecánica orbital. Es verdad, y Cherp remata la broma: la única forma de explicarlo sería que Verne hubiese viajado en el tiempo y visto el resumen del Apolo 11 por televisión.

Josito recupera después el evento de Tunguska: en 1908, cerca del río homónimo en Siberia, un bólido se desintegró en el aire a entre 5 y 10 kilómetros de altura con una energía estimada de entre 10 y 15 megatones de TNT, arrasando unos 2.000 kilómetros cuadrados de bosque sin dejar cráter ni restos de meteorito. Es un hecho real y, precisamente por la ausencia de cráter, sigue generando teorías alternativas —desde una bomba de hidrógeno hasta una nave espacial— que rozan la ciencia ficción sin que ninguna se haya podido confirmar.

Cherp cierra su segunda noticia falsa: pulsos de radio regulares, cada 10,24 segundos, detectados por un supuesto «proyecto de Vigilancia Espacial Avanzada» en la órbita ecuatorial, con expertos citados especulando entre interferencias de constelaciones de satélites como Starlink y, en el extremo más especulativo, una señal de origen no identificado. Es fake, aunque la premisa de fondo —la saturación real del espacio orbital con miles de satélites activos— es perfectamente real y motivo legítimo de preocupación entre los científicos.

Josito trae entonces la historia de Tsutomu Yamaguchi, ingeniero japonés que trabajaba para Mitsubishi y estaba en Hiroshima por trabajo el 6 de agosto de 1945, cuando cayó la primera bomba atómica. Herido, regresó a su ciudad natal, Nagasaki, donde tres días después sufrió el segundo bombardeo. Sobrevivió a ambos y vivió hasta los 93 años. Es una historia real, verificada, y probablemente el caso más extremo de mala suerte —y de resistencia— de todo el episodio.

Cherp cuenta el caso de Betty y Barney Hill, un matrimonio que en septiembre de 1961 conducía de noche por una carretera de New Hampshire cuando aseguraron ver una nave con varios seres humanoides observándolos desde las ventanillas, antes de perder la noción del tiempo. Días después empezaron a tener pesadillas y conductas compulsivas; la Fuerza Aérea archivó el caso confundiéndolo con el planeta Júpiter, pero casi tres años más tarde, bajo hipnosis regresiva con el doctor Benjamin Simon, ambos «recordaron» haber sido abducidos y sometidos a pruebas, y describieron un mapa estelar del sistema binario Zeta Reticuli, a 39 años luz de la Tierra, como lugar de origen de sus captores. El caso —contado en el libro The Interrupted Journey (1966) y llevado al cine en la película para televisión The UFO Incident (1975)— es real en el sentido de que ocurrió, se denunció y se documentó tal cual, aunque la naturaleza última del encuentro siga sin poder demostrarse; está considerado el primer caso de abducción extraterrestre hecho público, y disparó buena parte de la tipología de relatos de abducción posteriores.

Josito presenta el experimento Filadelfia: la leyenda urbana según la cual, en 1943, la Marina de Estados Unidos intentó volver invisible al radar al destructor USS Eldridge usando campos electromagnéticos, con resultados descontrolados que habrían incluido su teletransportación y graves secuelas físicas y mentales en la tripulación. Es fake —no hay ningún respaldo documental de que el experimento ocurriera—, pero la leyenda es real como leyenda, lleva circulando desde los años setenta y dio pie a la película El experimento Filadelfia (1981).

Cherp intenta un segundo fake sobre Julio Verne: un manuscrito inédito recién «descubierto» en París, Las horas eternas, sobre un relojero que inventa un cronógrafo dimensional capaz de observar el pasado y el futuro, que la editorial Gallimard tendría previsto publicar en 2025 coincidiendo con el 120 aniversario de la muerte del autor. Es una invención completa —Verne nunca escribió nada parecido a un viaje en el tiempo—, pero tan bien construida, con doctora experta, editorial real y fecha de aniversario real, que logra colar a Josito por segunda vez en el episodio.

Josito recuerda después el caso Wakefield: en 1998 Andrew Wakefield publicó en The Lancet un estudio que vinculaba la vacuna triple vírica con el autismo. El estudio en sí existió, es verdad, pero sus conclusiones eran fraudulentas —respondían a intereses económicos no declarados— y diez de sus doce coautores se retractaron en 2004; estudios posteriores con cientos de miles de niños en Dinamarca y Estados Unidos no han encontrado ninguna relación entre esa vacuna y el autismo. El propio formato de «historia» sirve aquí de advertencia: el fake no es la pregunta en sí, sino el bulo que ese estudio retirado sigue alimentando treinta años después.

Cherp cuenta la última historia de terror del episodio: una localidad de Nome, Alaska, con un número inusualmente alto de desapariciones desde los años 60, avistamientos de un búho blanco justo antes de cada desaparición y ninguna explicación oficial. Es fake, con forma de found footage: es el argumento de La cuarta fase (2009), con Milla Jovovich, que se promocionó como «basada en hechos reales» pese a que la psicóloga protagonista y buena parte de las grabaciones «auténticas» que incluye la película son ficticias.

Josito trae dos episodios de propaganda y desinformación histórica real: la «fábrica de cuerpos alemana», un bulo publicado en 1917 por The Times y el Daily Mail británicos que acusaba a Alemania de procesar cadáveres de sus propios soldados para fabricar glicerina y pienso animal —desacreditado tras la guerra, pero con un peso simbólico enorme porque sembró dudas sobre denuncias posteriores, reales, como las del Holocausto—; y los libelos de sangre, la calumnia antisemita medieval y moderna, multiplicada tras la imprenta de Gutenberg, que acusaba falsamente a comunidades judías de asesinar niños cristianos para usar su sangre en el Pésaj, y que se usó durante siglos para justificar persecuciones y matanzas.

Josito cierra con la historia de Morgan Robertson, un antiguo marino mercante que en 1898 publicó Futility, or the Wreck of the Titan, una novela sobre el hundimiento de un transatlántico «insumergible» llamado Titan tras chocar con un iceberg en el Atlántico Norte, con botes salvavidas insuficientes para todos sus pasajeros. Es verdad, y catorce años antes de que ocurriera de verdad con el Titanic: coinciden el nombre del barco, su tamaño, su velocidad y hasta la causa última del desastre, un parecido que desde 1912 alimenta la idea de que Robertson, sin pretenderlo, escribió una premonición.

El duelo termina con Cherp trayendo la actualidad más reciente: la afirmación del director del FBI, Christopher Wray, en una entrevista en Fox News, de que el coronavirus probablemente se originó en un laboratorio controlado por el gobierno chino. Es verdad que lo dijo, y sigue siendo verdad que el origen del virus continúa sin resolverse de forma concluyente entre la hipótesis zoonótica y la de una fuga de laboratorio; como recuerda el propio episodio, identificar el origen del ébola llevó 29 años, y el del sida, 26, así que es perfectamente posible que la respuesta definitiva sobre el covid tarde todavía más.

Cherp y Josito se declaran mutuamente vencidos —cada uno coló al otro un par de veces— y cierran el episodio con una reflexión compartida: separar verdad de ficción exige estudiar, mientras que creer un bulo solo exige creerlo, y esa asimetría explica buena parte de por qué las historias falsas viajan más rápido que las verdaderas. Para el próximo capítulo anuncian que van a destripar Materia oscura, la serie que acaban de terminar de ver, así que invitan a la audiencia a verla antes de que llegue el episodio.

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