Wearables: de la historia real de los dispositivos vestibles al implante neuronal
El primer ordenador vestible de la historia se construyó en 1961 y no tenía nada de utópico: era un dispositivo oculto en un zapato que permitía ganar a la ruleta contando las probabilidades en tiempo real, una idea que no habría desentonado en la muñeca de Dick Tracy. Desde entonces la cronología de los vestibles ha ido encadenando hitos cada vez más rápido: el reloj calculadora de 1972, el Seiko TV Watch de 1983 (un reloj capaz de mostrar imágenes de televisión), el Timex Datalink de 1994 sincronizable con el PC, los primeros audífonos Bluetooth en 2002, el boom del iPod en 2006, la Fitbit en 2012, las Google Glass presentadas por Sergey Brin saltando en paracaídas en el Google I/O de 2014 y descontinuadas comercialmente en 2023 tras el rechazo social a llevar una cámara siempre encendida, las primeras Oculus Rift de realidad virtual en 2016, las Meta Quest en 2021 y, ya en la actualidad, las gafas con inteligencia artificial Ray-Ban Meta —con traducción simultánea y reconocimiento de objetos en tiempo real— compitiendo con las Apple Vision Pro, mucho más caras y todavía sin suficiente ecosistema de aplicaciones detrás. Por categorías: los anillos son los vestibles más discretos (pago sin contacto, apertura de puertas, biometría) pero los más limitados por su tamaño; las pulseras y relojes inteligentes, popularizados por marcas baratas como Xiaomi y disparados después por el Apple Watch, han normalizado medir pasos —la cifra mítica de los 10.000 pasos diarios viene, de hecho, de un podómetro japonés de 1965 llamado Manpo-kei, «medidor de 10.000 pasos», que era puro marketing— y hoy permiten detectar arritmias cardíacas o alertar de hipoglucemias a través de parches conectados; las gafas de realidad aumentada y virtual añaden información visual al mundo o sustituyen la realidad entera por un entorno digital. Pero el salto real ya no está en la ropa, sino por debajo de la piel: Neuralink logró en 2024 que un paciente controlase un cursor con el pensamiento sin curva de aprendizaje; la española Inbrain Neuroelectronics desarrolla implantes de grafeno para enfermedades neurológicas; Precision Neuroscience y Synchron han creado interfaces cerebro-computadora que no requieren abrir el cráneo; y hay ya implantes capaces de traducir señales neuronales directamente en habla para pacientes que la habían perdido, o de devolver el movimiento a personas con parálisis mediante exoesqueletos conectados a electrodos corticales. Es la frontera entre el vestible y el cíborg: cuando el dispositivo ya no se lleva puesto, sino integrado.
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De los anillos y relojes inteligentes a las gafas con IA y los implantes cerebrales de Neuralink y Synchron: repasamos la historia real de los dispositivos vestibles, dónde se cruza con la ciencia ficción de «Regreso al futuro 2» o «La fuga de Logan», y hacia dónde apunta la frontera entre el wearable y el cíborg.