Los Ingenieros y el líquido negro
Prometheus abre con una escena muda: un Ingeniero —un humanoide blanco, musculoso, de dos metros, anatómicamente casi humano— desciende de una nave sobre una Tierra primigenia, bebe un líquido negro y se disuelve célula a célula, cayendo en cascada por un acantilado; su ADN se recombina con el entorno y, se sugiere, así arranca la vida en nuestro planeta. Es la gran propuesta especulativa de la película: ni creación divina ni evolución puramente espontánea, sino panspermia dirigida por una civilización avanzada que además, a juzgar por los murales encontrados en yacimientos arqueológicos de medio mundo —de una cueva paleolítica en la isla escocesa de Skye a Babilonia—, ha seguido visitando y vigilando su experimento a lo largo de milenios. El líquido negro, catalogado en la propia ficción con el código A0-3959X.91-15, no es solo el origen de la vida sino también un arma: un compuesto cargado de nanomáquinas capaz de recombinar el ADN de cualquier ser vivo con el que entra en contacto, generando mutaciones radicalmente distintas según la especie huésped, la cantidad de exposición y el tiempo transcurrido. En LV-223 no se encuentra el planeta natal de los Ingenieros, sino lo que parece una base militar y de laboratorio abandonada, cargada de esas mismas urnas: la hipótesis más plausible, nunca confirmada del todo en pantalla, es que los propios creadores decidieron en algún momento borrar su creación —una idea de exterminio preventivo que recuerda a la lógica de «un universo oscuro» de la ciencia ficción dura, donde toparse con una civilización potencialmente peligrosa antes de que se desarrolle puede ser motivo suficiente para eliminarla.
Aparece en estos artículos
- Alien: de los Ingenieros de Prometheus al xenomorfo original de 1979
Primer tramo de nuestro especial dedicado a la saga Alien, con motivo del estreno de Alien: Romulus: un repaso en profundidad a las dos precuelas de Ridley Scott, Prometheus y Alien: Covenant, con los Ingenieros, el líquido negro y el androide David como hilo conductor, y a Alien, el octavo pasajero (1979), la película que inauguró el terror espacial y presentó a Ellen Ripley, la Nostromo y el ciclo de vida completo del xenomorfo.