La nueva era espacial privada
Con el fin de los transbordadores, el acceso al espacio dejó de depender solo de gobiernos dispuestos a gastar un porcentaje enorme de su PIB en él y pasó a manos de empresas privadas, mucho más eficientes a la hora de abaratar costes. La punta de lanza es SpaceX, de Elon Musk, con su cápsula Crew Dragon —para hasta cuatro astronautas— lanzada por el cohete Falcon 9, cuya primera etapa regresa sola a Tierra y aterriza verticalmente para ser reutilizada; alguno de estos cohetes ha volado ya más de 30 veces, lo que ha abaratado drásticamente el coste de cada lanzamiento. China compite con su propio programa estatal, con el cohete Long March y la cápsula Shenzhou, que la convirtió en el tercer país capaz de poner astronautas en órbita por sus propios medios. El siguiente gran salto es la Starship de SpaceX, un sistema de dos etapas —el propulsor Super Heavy y la nave Starship— completamente reutilizable, con una altura combinada de unos 121 metros, seis motores Raptor alimentados con metano y oxígeno líquidos, y el objetivo declarado de llevar humanos a la Luna, dentro del programa Artemis de la NASA, y algún día a Marte. Sigue siendo, eso sí, un cohete, no una nave capaz de flotar y maniobrar libremente por el espacio como las de la ciencia ficción: lo más parecido a eso que hemos construido hasta ahora fueron los transbordadores, que al menos planeaban de vuelta a Tierra como un avión.
Aparece en estos artículos
- Naves espaciales: de la Vostok a las grandes sagas de la ciencia ficción
Doble episodio dedicado a las naves espaciales: primero un repaso a la historia real de las naves tripuladas, de la Vostok de Gagarin a los transbordadores y la nueva era privada de SpaceX, seguido de un recorrido por decenas de naves de ficción sueltas —Event Horizon, Serenity, la Tardis, Avalon, Axioma, Discovery One, Rama— y, en la segunda parte, por las naves de las grandes sagas: Star Wars, Star Trek, Battlestar Galactica, Stargate, Babylon 5, Marvel, Fundación y Alien.