Exoesqueletos y jet suits militares reales
La armadura de Iron Man inspiró en la vida real varios intentos serios de crear trajes voladores personales: exoesqueletos con propulsores en los brazos que sí consiguen elevar a una persona del suelo, ya operativos en ejércitos como el británico y el estadounidense, normalmente con muy poca autonomía de vuelo. La parte estructural de un exoesqueleto militar o industrial rígido también es real y lleva años probada, igual que la asistencia por inteligencia artificial conversacional que la película atribuye a Jarvis — hoy presente en cualquier móvil u ordenador, algo que en 2008 habría sonado a fantasía tanto como el propio traje volador.
Donde la física pone un límite duro es en las aceleraciones extremas que la armadura permite en pantalla: un exoesqueleto rígido puede proteger el cuerpo de un impacto directo, pero no puede evitar que los órganos internos —el cerebro, el corazón— sigan moviéndose por inercia cuando el traje frena o gira de golpe. Ese problema de las fuerzas cinéticas, no la estructura ni la propulsión, es lo que separa el vuelo asistido real de hoy del vuelo a velocidades de combate que muestra la saga.