La carrera espacial y el reto de ser una especie interplanetaria
La carrera espacial fue, en su origen, una competición nacida del miedo: en plena Guerra Fría, con el temor a los misiles intercontinentales, la URSS y Estados Unidos se disputaron cada hito de la exploración espacial —el primer satélite (Sputnik, 1957), el primer ser vivo en órbita (la perra Laika), el primer ser humano en el espacio (Yuri Gagarin, 1961) y, finalmente, el primer alunizaje tripulado (Apolo 11, 1969)—, en un pulso que, pese a lo que ha vendido después el cine estadounidense, ganó la Unión Soviética en casi todos los hitos salvo el más simbólico de todos, la Luna. Convertirse en una especie interplanetaria de verdad —no solo ir y volver, sino colonizar— es un reto de otro orden: exige resolver primero un problema biológico (vivimos muy poco frente a las distancias que hay que recorrer), después uno de ingeniería (una nave generacional autosuficiente, con gravedad artificial por rotación y protección contra la radiación cósmica) y, por último, uno de propulsión, donde las opciones van de lo casi factible (motores de propulsión nuclear térmica) a lo puramente especulativo (motores de antimateria, o el motor de curvatura de Alcubierre, que comprime el espacio delante de la nave y lo expande detrás en vez de moverse a través de él). Hay razones de peso a favor —la supervivencia de la especie ante una extinción masiva, el instinto explorador que llevamos en el ADN, los avances tecnológicos derivados, el acceso a nuevos recursos— y razones igual de serias en contra: gérmenes desconocidos, el riesgo de que la tecnología se convierta en arma, o la posibilidad de toparnos con una especie que decida que la Tierra es, por ahora, nuestro único sitio permitido.
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- Viajes al espacio: la carrera real, la especie interplanetaria y la ciencia ficción que nos inspira
Triple episodio dedicado a los viajes espaciales: primero la carrera espacial real entre Estados Unidos y la URSS, del Sputnik al Apolo 11; después qué tecnologías —motores nucleares, antimateria, el motor de curvatura de Alcubierre— necesitaríamos de verdad para convertirnos en una especie interplanetaria; y por último un recorrido por las series y películas que mejor han imaginado ese futuro, de Interestelar y Passengers a Contact, Avatar y Wall-E.